martes, 30 de julio de 2013

“El gran alfiler”

La cruda realidad nos dice, implacablemente, que seguimos igual o peor en materia de creci-miento económico. Y entonces, vuelven necias las preguntas que cada año de los últimos 30 transcurridos nos hacemos todos: ¿Cómo se pone remedio a es-to?, ¿cómo crecemos?, ¿qué llave abrimos, qué resorte utilizamos?


A pesar de que la gran mayoría de los indicadores nacionales y extranjeros prevén para este año la continuidad del estancamiento de la economía mexicana, el secretario de Hacienda tiene un diagnóstico diferente y persiste en tratar de transmitir optimismo. Dice Luis Videgaray que para 2013: “Se mantiene la expectativa de un crecimiento del 3.1%”. Suponiendo que así sucediera, esta cifra sólo reafirma precisamente tal estancamiento, y francamente no hay motivo alguno para que cualquiera —menos el encargado de las finanzas nacionales— se muestre optimista.

La cruda realidad nos dice, implacablemente, que seguimos igual o peor en materia de crecimiento económico. Y entonces, vuelven necias las preguntas que cada año de los últimos 30 transcurridos nos hacemos todos: ¿Cómo se pone remedio a esto?, ¿cómo crecemos?, ¿qué llave abrimos, qué resorte utilizamos?

Y entonces, puestas de nueva cuenta las preguntas, vuelven necios aquellos mismos que cada año durante los últimos 30 nos han dado la misma respuesta que ha resultado en un enorme fracaso. La llave, dicen, es la aplicación de ¡las reformas estructurales neoliberales de tercera generación!

¿Tercera generación? ¡Sí! Porque las de primera y segunda generación no funcionaron, replican los dogmáticos neoliberales en el PAN, PRI, en el Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, en el Consejo Coordinador Empresarial y en el gobierno, y por lo tanto, repiten machaconamente hay que continuar debilitando al Estado en cualquier ámbito, principalmente en la economía; hay que impulsar una reforma fiscal regresiva; hay que seguir reduciendo el mercado interno disminuyendo al mínimo los salarios; hay que “cuidar” la especulación financiera y las exportaciones manufactureras y… con la exportación del petróleo como el “gran alfiler”, hay que sostener la economía del país.

Por ello, la propuesta de “liberalizar” el sector energético atiende, desde luego, los intereses de las grandes empresas petroleras, pero más responde a esa visión de dogmatismo neoliberal que ha apresado durante más de 30 años, el pensamiento económico de la clase gobernante mexicana.

Se equivocan al grado de desatino, los que siguen pensando en Pemex como el “gran alfiler” porque ya no se trata de sostener la economía. En sentido sustancialmente diferente, se trata de desarrollarla y para lograr ello, en primer término, hay que “despetrolizarla”.

El gran cambio que México necesita no está en privatizar el negocio del petróleo. Mucho más que eso, el cambio que haría crecer la economía está localizado, como lo han demostrado otros países, en el impulso de una poderosa industria nacional que comprenda, ciertamente, a las diversas formas de generación de energía, pero que además incluya al agro, turismo, la industria del conocimiento y las nuevas tecnologías, a las manufacturas (que va más allá de las maquiladoras), las telecomunicaciones, minería sustentable, infraestructura de comunicación terrestre y aérea,  la construcción, etcétera.

Lograr esto obliga, contrario al dogma neoliberal, a un Estado políticamente fuerte y financieramente capaz para cumplir con su papel de impulsor y regulador de la economía.

La diferencia está en construir los cimientos de una economía sólida o insistir en una economía de sobrevivencia, sostenida en el “gran alfiler” del petróleo.

                *Ex presidente del PRD

                @jesusortegam

                http://ortegajesus.blogspot.com/


                ortegamartinezjesus@hotmail.com

martes, 23 de julio de 2013

Modernizar sin privatizar

El PAN argumenta que su propuesta no es privatizadora, ya que no incluye la venta de Pemex. Sin embargo, busca trasladar la renta petrolera a manos privadas, lo que de hecho significa una privatización.

Excélsior

En días recientes, el Partido Acción Nacional hizo pública su propuesta de reforma energética, la cual contempla liberalizar la participación privada en exportación, exploración, producción, transportación y refinación de petróleo, así como en petroquímica. La propuesta del PAN incluye un nuevo esquema de concesiones para que Pemex compita con empresas privadas, tanto nacionales como transnacionales. Para lograr lo anterior, Acción Nacional pretende reformar los artículos 25, 27, y 28 de la Constitución Política.

El PAN argumenta que su propuesta no es privatizadora, ya que no incluye la venta de Pemex. Sin embargo, la propuesta del PAN busca trasladar la renta petrolera a manos privadas, lo que de hecho significa una privatización.

Además, la propuesta panista es limitada, ya que simplemente plantea abrir a la inversión privada todas las áreas que hoy son exclusivas del Estado, pero sin plantear nuevos regímenes fiscal y presupuestales, así como un nuevo modelo de gestión para Pemex. Lo anterior, además de poner en riesgo la soberanía energética, no garantiza la inversión por sí misma, ya que como ha quedado demostrado con la apertura a la inversión privada petroquímica o en la construcción de ductos, la liberalización no garantiza que la inversión fluya. La apertura por la apertura no es un camino que garantice el éxito.

Asimismo, con la propuesta del PAN se estaría cediendo parte de la industria energética nacional, al asignar porciones de territorio para que, por medio de un régimen de concesiones, se explote su riqueza a cambio de un simple pago de derechos, como acontece con la anacrónica ley minera vigente.

De hacerse realidad la propuesta del PAN, estaríamos ante un esquema que desafiaría la lógica económica. Basta ver cómo funciona cualquier negocio para darse cuenta de lo anterior. Por ejemplo: TV Azteca contrata una empresa como Argos para que produzca una telenovela y sea transmitida por la televisora ¿Cómo realiza TV Azteca el pago a Argos? ¿Le cede parte de sus acciones? ¿Pone a disposición de Argos sus instalaciones en El Ajusco? ¡Por supuesto que no! TV Azteca le paga una contraprestación en dinero o especie, pero sin ceder parte de sus acciones o activos.

En el PRD pensamos que la entrega de la renta petrolera pone en riesgo a la industria energética y no beneficia ni al país y ni a su gente. No pensamos que sea en beneficio nacional entregar ni una gota de petróleo a intereses particulares.

Por lo anterior, el PRD sustenta su propuesta alternativa de reforma energética bajo los siguientes ejes estratégicos:

1. Cambio en el régimen fiscal (disminuir sustancialmente la tasa fiscal sobre producción petrolera y reducir la base impositiva modificando el límite máximo de deducción en inversiones).

2. Autonomía presupuestal.

3. Autonomía de gestión.

4. Fortalecer a la Secretaría de Energía (Sener) y a la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH).

5. Modificar tarifas, precios y subsidios de los combustibles y la electricidad para un acceso equitativo a la energía.

6. Convertir al Fondo de Estabilización de Ingresos Petroleros en un Organismo Financiero.

7. Impulsar la Investigación y Desarrollo Tecnológico.

8. Transición energética, cuidado del Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable.

De esta manera, pensamos que es posible modernizar al sector energético sin necesidad de privatizarlo. Es posible modernizar el sector energético sin reformar la Constitución Política. Es posible modernizar Pemex para que mantenga la conducción central y dirección estratégica de la industria petrolera garantizando la seguridad energética de las próximas generaciones de manera suficiente, continua, económica, diversificada y de alta calidad.

Siempre con respeto pleno al medio ambiente, impulsando el desarrollo sustentable y propiciando una transición energética a fuentes alternativas de energía.


*Ex presidente del PRD

@jesusortegam

http://ortegajesus.blogspot.com/

ortegamartinezjesus@hotmail.com

miércoles, 17 de julio de 2013

Jesús Ortega responde a Alejandro Encinas por críticas al PRD


PRESENTE

Abusando de su amabilidad, le solicito pudiera ser publicado en su informativo digital una opinión respecto a las recientes declaraciones del senador Alejandro Encinas Rodríguez, con relación a las pasadas elecciones del 7 de julio.

De antemano agradezco su atención.

De nueva cuenta Alejandro Encinas dirige sus baterías en contra del PRD. Ahora, el motivo de sus descargas es, según el senador, que por culpa de la dirección nacional nuestro partido “cayó” en las pasadas elecciones, al tercer lugar en el escalafón de los partidos políticos en México.

Dice Alejandro Encinas: “pasamos (el PRD) de ser la segunda fuerza a la tercera”.

Creo que Alejandro se equivoca en su análisis porque suma “peras con manzanas”; es decir, equipara e iguala elecciones que por su propia naturaleza son sustantivamente diferentes. Comete ese yerro más motivado porque sus deseos se cumplan (“el PRD va hacia el fracaso”) que por un esfuerzo genuino de reflexión y crítica constructiva.

Veamos esto primero: A lo largo de la historia electoral del PRD, en ninguna de las elecciones inmediatamente siguientes a las presidenciales, hemos mantenido “el segundo lugar”. En los hechos, en la realidad, siempre -como dice Alejandro- el PRD “ha caído al tercer lugar”. Esto ha sido así, debido a que son elecciones diferentes. Comparar los datos de una elección presidencial con los obtenidos en elecciones locales en sólo algunas de las entidades de la República,  es un error de análisis electoral verdaderamente garrafal.

Para demostrar el  yerro,  recuerdo los datos y los números siguientes:

-En 1988, siendo Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano candidato presidencial del FDN (Frente Democrático Nacional, integrado por la Corriente Democrática del PRI, PARM, PFCRN, PPS) y del PMS (Partido Mexicano Socialista) y habiendo oficialmente ganado la elección, tres años después, en 1991, el PRD obtuvo el 8.79 por ciento de los votos (tercer lugar).

-En 1994, con Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano como candidato presidencial perredista, obtuvimos el 16.5 por ciento (tercer lugar),  y en 1997,  con el mismo Cuauhtémoc Cárdenas como candidato a jefe de gobierno de la ciudad capital, el PRD obtuvo el 25.7 por ciento a nivel nacional (tercer lugar). Resulta importante mencionar que en 1997, aún con ese porcentaje ganamos tres entidades federativas: Michoacán, Estado de México y el Distrito Federal, que como se sabe, en esta última resultó electo como jefe de gobierno el propio ingeniero Cárdenas.

-En el año 2000 con Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano como candidato presidencial y Andrés Manuel López Obrador (AMLO) como candidato a Jefe de Gobierno del Distrito Federal, el PRD obtuvo el 16.64 por ciento (tercera fuerza) y tres años después, en 2003 (elección de diputados mayoría relativa) obtuvo el 17.61 por ciento (tercera fuerza).

-En 2006 con AMLO como candidato presidencial, obtuvimos el triunfo con el 35.31 por ciento y aunque “oficialmente” fuimos segunda fuerza,   en 2009 obtuvimos el 13 por ciento (tercer lugar).

Todos los datos antes mencionados se refieren a elecciones federales, es decir, presidenciales y de representantes en el Congreso de la Unión -acompañadas estas- de elecciones locales en algunas entidades.

Como se puede observar, aún en aquellas presidenciales que ganamos, como las de 1988 y 2006, en las intermedias federales siguientes siempre hemos ocupado el tercer lugar. Faltará ver, desde luego,  el resultado de 2015.

Para mayor información: Si no son comparables las elecciones presidenciales con las de representantes en el Congreso de la Unión, menos los son las presidenciales del 2012 con las elecciones locales realizadas en 15 estados el pasado 7 de julio.

Pero aún, hay que mencionar que en 8 de estas entidades, los resultados históricos del PRD en este mismo tipo de comicios han sido, casi siempre, menores a dos dígitos; me refiero a Aguascalientes, Sonora, Baja California, Sinaloa, Chihuahua, Durango, Coahuila y Tamaulipas; debo resaltar que en el caso de Durango, hace tres años, en alianza con el PAN ganamos en las urnas aunque nos despojaron del triunfo en los órganos electorales y en los tribunales.

Con estos datos ¿se puede sostener que por causa de la dirección nacional “caímos al tercer lugar”? Creo, francamente, que tal afirmación busca, al margen del examen riguroso, continuar en un conflicto estéril en contra del PRD.  

Otra parte de la crítica de Alejandro Encinas hacia el PRD es la que refiere a las alianzas con el PAN. Para dar respuesta a ella, tendré que mencionar no sólo cifras y datos sino también los hechos políticos que resultan del conjunto de la política de alianzas de nuestro partido en su historia. Veamos lo siguiente:

- En Aguascalientes la alianza PAN-PRD ganó los tres municipios que política, económica y demográficamente son los más importantes, especialmente la capital del estado que concentra el 65 por ciento de los electores.

¿Qué se buscaba con tal alianza? ¡Eso precisamente! Es decir, apuntalar ciertas condiciones políticas para que el PRI con todo y su respectivo señor feudal perdiera territorios estratégicos y con ello se obstaculizara su permanencia en el gobierno de la entidad. ¿Y por qué la importancia de quitarle el gobierno al PRI? ¡Para impedir, territorio por territorio, la restauración del régimen de partido de Estado en el país!

Pero aparte de este objetivo político general, un perredista ganó por primera ocasión una diputación de mayoría y también por primera ocasión el PRD tendrá un grupo parlamentario de 2 diputados y ello, desde luego, nos dará mejores condiciones para crecer electoral y políticamente en este estado. No pudimos tener mayoría en municipios con candidatos perredistas pues el gobernador, mediante una maniobra, destinó todo su apoyo a Nueva Alianza en uno de los municipios con fuerte presencia del PRD y al PT en otro similar. Tanto Nueva alianza como el propio PT se prestaron a tal maniobra.   

-En Baja California, la alianza PAN-PRD ganó la gubernatura, la capital del Estado y Rosarito ¿Qué pretendía esta alianza electoral? ¡Eso precisamente! Es decir, que el PRI no ganara la única gubernatura en juego y con ello no se extendiera el territorio en posesión de los señores feudales. Que no ganara el PRI en BC,  debilitará la pretensión de la restauración en el país del viejo régimen de partido casi único. Pero además, en la península norteña, por primera ocasión, un perredista ganó un distrito de mayoría y lo hizo en Tijuana, la ciudad más importante del estado. Ahora tendremos un Grupo parlamentario de tres diputados en el Congreso local.

-En Sinaloa, a pesar del confuso comportamiento gubernamental de Mario López Valdez, la alianza hizo posible que ganáramos en Mazatlán, Guasave y Angostura. Pudimos hacerlo también en Sinaloa de Leyva y San Ignacio,  pero el narcotráfico aliado con los candidatos priistas, mantuvo permanentemente las amenazas en contra de los perredistas en tales municipios. Como se sabe, mataron al coordinador de nuestra campaña en Sinaloa de Leyva y con ello lograron que nuestro candidato se retirara de la contienda.

-En Oaxaca la alianza PRD-PAN cumplió discretamente con sus propósitos y el principal de estos era que el PRI no recuperara la mayoría en el Congreso del Estado. Los diputados de PAN, PRD, Movimiento Ciudadano (partido aliado del gobernador) hacen mayoría en el Congreso local. Cierto que se perdieron algunos municipios, pero Alejandro no contabiliza los nuevos que se ganaron por el PRD como Juchitán o Ixtepec y otros no menos importantes. Por cierto, en esta pasada elección,  la coalición PAN-PRD obtuvo cien mil votos más que en 2010.

-En Puebla, la alianza completó sus propósitos, especialmente ganando la capital del estado y compañeros perredistas serán alcaldes en 25 municipios, algunos tan importantes como Izúcar de Matamoros o Huauchinango, además, compañeros militantes de nuestro partido resultaron triunfadores en tres distritos de mayoría lo que significa que tendremos en esta entidad federativa un grupo parlamentario de cuando menos cinco diputados.  

-La última entidad en donde hubo alianza PAN-PRD fue Zacatecas. Cierto que el resultado no fue el esperado y cierto que como partido tenemos problemas, pero ello no debe hacer olvidar, por meros afanes revanchistas, la agresiva actitud del gobernador en contra del PRD. Quizás para algunos compañeros, las agresiones del señor feudal no tengan ninguna importancia: quizás piensen que los secuestros de varios compañeros, las amenazas para otros o el asesinato de nuestro coordinador de campaña en el municipio de Guadalupe, Aquiles González Mayorga sucedido apenas 48 horas antes de la elección, deben minimizarse.

Mencionar estos acontecimientos podrían verlo algunos como justificación, pero lo verdaderamente injustificable, es perder de vista el terror que prevaleció en esta entidad durante toda la campaña y especialmente durante la jornada electoral. No refrendamos triunfos en algunos municipios, pero sin duda alguna en ello influyó de manera determinante “la furia de los conversos”, es decir la del gobernador y la  del procurador de justicia antes perredistas y ahora priistas. Son ellos los responsables de asesinato de Aquiles y lo son de una elección marcada por la violencia y el fraude.

-En Quintana Roo no participó la alianza del PRD y PAN debido a que el gobernador Borge se encargó personalmente de bloquearla (sólo en México se requiere de la anuencia de los gobernadores para hacer alianzas). Borge  la impidió y para eso utilizó al órgano electoral local y al tribunal respectivo; hostigó violentamente a nuestros candidatos y además adoptó como esquirol a Gregorio Sánchez para hacerlo candidato del PT.  A pesar de ello la votación del PRD hace tres años fue de 15.4 por ciento y ahora —trapacerías del gobernador y del PRI incluidas— nuestra votación alcanzó el 17.9 por ciento.

¿Hubo en Quintana Roo errores del PRD? Los hubo y ciertamente graves, pero ello no puede ser utilizado para justificar la actitud fraudulenta y agresiva del Señor feudal en el estado.

En otras de las entidades no hubo alianza como tampoco ha habido alternancia en los gobiernos locales. Aún así el PRD creció porcentualmente. Por ejemplo:

-En Durango, el PRD creció de 4.5 por ciento en 2010 a 6.0 por ciento en 2013

-En Coahuila crecimos de 2.7 por ciento en 2010 a 4.1 por ciento en 2013

-En Veracruz crecimos de 9.5 por ciento en 2010 a 12.9 por ciento en 2013 y de 15 a 33 municipios ganados (más del 100%) y ello a pesar de la violencia del sindicato petrolero, de los caciques y del propio gobernador.
-En Tlaxcala —que si ha habido alternancia— crecimos, el PRD de 16 por ciento en 2010 a 18 por ciento en 2013 y ganamos 10 municipios aparte de que en los tribunales continuamos defendiendo nuestro triunfo en Huamantla.

Debo mencionar el caso de Hidalgo en donde se frustró la posibilidad de una Alianza y el resultado de ello, fue también “el carro completo”, la nefasta reproducción del Estado autoritario que elimina toda disidencia y combate cualquier forma de pluralidad política se apareció de nueva cuenta en Hidalgo.
Por último están los estados de Chihuahua y Tamaulipas en donde nuestra votación fue similar a la obtenida tres años antes.

Quizás, señor Director, pudiese parecerle enfadoso un análisis tan detallado de las elecciones pasadas y de nuestra participación en todos los procesos federales, pero lo creo necesario para no obtener conclusiones sobre percepciones o generalidades que como en muchos casos, resultan  en análisis fallidos.

Debo decir que lo que Alejandro Encinas relató en Sin Embargo me resulta extraño,  debido a que el senador perredista siempre ha puesto énfasis y atención  en “los detalles” que hicieron fraudulenta la elección del 2006. Tiene razón en señalar enérgicamente tales ilegalidades, pero se contradice a sí mismo cuando menosprecia y olvida “los detalles” del fraude,  de los asesinatos, de las amenazas, del hostigamiento en contra del PRD en las entidades que realizaron elecciones el pasado 7 de julio.

Para analizar las presidenciales del 2012, Alejandro ha buscado, con ahínco,   demostrar la existencia de un fraude en contra del PRD,  pero en su análisis sobre los comicios del pasado 7 de julio,  trata con el mismo ahínco, demostrar que ¡el PRI ganó limpiamente! para con ello “evidenciar” ¡la ineficacia de la dirección nacional del PRD!

El análisis serio de los procesos electorales no depende, como dice Campoamor, “del color del cristal con que se miran”. ¡Con gafas de color animadversión! no es posible hacer exámenes rigurosos. Con visiones de tal color sólo se contribuye a la confusión y a una confrontación política destructiva.

La frase de Campoamor resalta subjetivismo puro y no debe aplicarse a la política. La realidad es imposible ajustarla a los deseos y menos transformarla con tan sólo cambiar el color del cristal con el que la observemos. Por ello, trato de ser objetivo y puedo decir que a la luz de la realidad los resultados obtenidos no fueron los mejores pero se distorsiona la verdad cuando se afirma que era posible mantener o hacer crecer en las elecciones locales de 2013 el porcentaje obtenido en las presidenciales de 2012.  Tal pretensión sería, evidentemente, descabellada.

La otra parte sustantiva de la crítica hacia la dirección nacional del PRD se concentra en la política de alianzas. Frente a tal opino lo siguiente:

Las alianzas electorales son consustanciales (una obviedad) a la política electoral, al PRD y la izquierda —dependiendo de las circunstancias y los tiempos— las  ha hecho con actores y fuerzas políticas diversas. Diseñamos y aplicamos, por ejemplo,  una estrategia de alianzas con disidentes e inconformes priistas. Tal es el caso de Ricardo Monreal en Zacatecas, de Leonel Cota en BCS, de Sánchez Anaya en Tlaxcala, de Marcelo Ebrard y Manuel Camacho en el DF.

También el PRD hizo en varios procesos electorales alianzas con partidos tan disímbolos como el PSN (Partido de la Sociedad Nacionalista), con el PT (Partido del Trabajo), con Dante Delgado y su partido Convergencia y desde hace décadas,  ha hecho alianzas electorales con el PAN,  para por ejemplo, apoyar al Dr. Nava en San Luis Potosí, a Javier Corral en Chihuahua para apoyar en Yucatán, en Nayarit y mas recientemente en Sinaloa, Puebla, Oaxaca a movimientos cívicos  ciudadanos y que en su momento y circunstancia fueron útiles para derrotar a gobernantes atrabiliarios o para obstaculizar la permanencia del sistema priista en el poder.

En el año 2000, otro ejemplo, el PRD estuvo en pláticas con el PAN para hacer una alianza electoral durante las elecciones presidenciales de ese año, la cual se frustró sólo porque no pudimos ponernos de acuerdo, no en asuntos doctrinarios, sino más pragmáticamente en el método —encuesta o consulta abierta a la ciudadanía— para obtener un candidato común. Las alianzas electorales como táctica fueron útiles para el crecimiento del PRD y lo fueron para que se lograra la alternancia en el Ejecutivo federal y son igualmente útiles —después de 2012— para impedir la restauración del viejo régimen autoritario de partido casi único.

Cierto que no todas han resultado exitosas, como no todos los gobernantes resultantes de alianzas han cumplido cabalmente con los objetivos esperados. Pero si no perdemos de vista la razón política y la razón práctica de las alianzas que la izquierda ha hecho con ex priistas, con el PT, el PSN, Convergencia o con el PAN; si no ignoramos que hay y seguirá habiendo alianzas electorales que no son ni doctrinarias ni principistas; si no reconocemos que sólo son parte de una estrategia que —dependiendo del tiempo y la circunstancia que se viven— buscan determinados objetivos tácticos; si no olvidamos, en fin, los objetivos estratégicos principales, como el impedir la restauración del viejo régimen autoritario,  avanzar hacia una sociedad de derechos y lograr la transformación democrática del país, entonces podría comprenderse la  utilidad táctica de las alianzas electorales.

Atentamente

Jesús Ortega Martínez




martes, 16 de julio de 2013

Las plegarias no construyen los cambios



De ahora en adelante, aun en México, todo poder, incluido el presidencial, tendrá que ser compartido.


Las plegarias no construyen los cambios

Resulta incomprensible observar a compañeros del PRD oponerse al Pacto por México, sabiendo que con ello a quien benefician es a los poderes fácticos que durante décadas se han sobrepuesto a los poderes del Estado y a los intereses de la gente.

¿Cómo justificar su oposición a la reforma en materia de telecomunicaciones, cuando ésta, a quien afecta es al duopolio de la televisión que durante muchos años ha sido el aliado más consecuente del sistema priista autoritario?

¿Cómo explicar su negativa a que se reforme la Constitución para terminar con los monopolios, los mismos que han logrado un enorme poder económico (y político) a costa de impedir el crecimiento económico del país y a costa de cancelar la creación de empleos que millones de mexicanos demandan?

¿Cómo argumentar su resistencia a una reforma educativa para el país, sabiendo que la educación pública ahora existente es un desastre nacional porque la controla un grupo gansteril para mantener privilegios y preservar intereses particulares?

¿Cómo negarse a que se lleve a cabo una reforma para impedir que un grupo oligárquico controle la explotación minera, obteniendo ganancias exorbitantes a costa de expoliar grandes extensiones del territorio nacional?

¿Oponerse a una reforma integral a la economía agrícola, que también ahora es un desastre y provoca que millones de hombres y mujeres se sumen a otros millones que apenas sobreviven en el sub o en el desempleo; a una reforma hacendaria que haga que se paguen los impuestos y sobre todo logre que los ricos paguen sus correspondientes impuestos; a una reforma que, sin privatizar, modernice la industria energética?

Para alguien con pensamiento de izquierda progresista oponerse a esto es inexplicable o en su caso, de tener alguna causa superior para su oposición, debieran, en verdad, darla a conocer. Hasta ahora eso no ha sucedido y a lo que más han llegado, es a intentar razones de carácter político que están cargadas de ideologismo y de un doctrinarismo falaz.

¡Está bien terminar con los monopolios, con el poder político de las televisoras, y con los grupos gansteriles que controlan la educación y las industrias clave como la del petróleo! Está bien todo eso, dicen algunos compañeros. ¿Pero por qué no hacerlo la izquierda sola? ¿Por qué un acuerdo con el PRI y con el PAN?, ¿por qué con el PAN y con el gobierno priista, si son nuestros enemigos ideológicos?

Por ser tan obvia la respuesta parecería innecesario reiterarla. Pero la respuesta no es tan obvia para muchos compañeros y por lo tanto hay que reiterarla: ninguna fuerza política por sí sola, incluida la izquierda, podría hacer estas y otras reformas necesarias para el país. Aún más: si la izquierda perredista o Morena ocuparan la Presidencia de la República se encontrarían obligadas a buscar y lograr acuerdos con quienes fueran oposición, para alcanzar reformas de tal calado y profundidad.

En realidad los compañeros que se oponen al Pacto por México no es que se opongan a estas reformas; más bien se oponen a la acción política y la sustituyen con plegarias. Aspiran a cambios, pero suponen que estos se lograrán deseándolos o en el mejor de los casos “decretándolos cuando tengamos en nuestras manos la Presidencia de la República”. 

La izquierda mexicana avanzará y podrá alcanzar, más temprano que tarde, el poder de la Presidencia, pero de lo que también estoy seguro es que no podrá lograr —ni tampoco es deseable— que tal poder sea absoluto. De ahora en adelante, aun en México, todo poder, incluido el presidencial, tendrá que ser compartido.

Los bolcheviques —los revolucionarios más radicales— tenían como máxima doctrinaria la siguiente: “Cuanto menos mercado más socialismo”. Eso prevalecía hasta que Lenin, el más radical de entre ellos y en sus manos con el poder absoluto de una revolución, les impuso, desde la NEP (Nueva Política Económica) otra nueva consigna: “Entre más mercado más socialismo” (La revolución rusa. Orlando Figes. Edhasa). 

Para la izquierda soñar es indispensable, como indispensable es no confundir los sueños con la realidad.

*Ex presidente del PRD
@jesusortegam
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ortegamartinezjesus@hotmail.com

martes, 9 de julio de 2013

Las elecciones: una acción mercantil


Las elecciones del domingo pasado estuvieron marcadas e influenciadas por dos elementos que hay que reflexionar con el mayor interés, pues impactan de manera directa no sólo el futuro inmediato de nuestros procesos electorales sino además, y de manera significativa, el conjunto de la vida social y política de nuestro país.

El primero, es la poca participación de los ciudadanos en los comicios. No tengo, al escribir estas notas, los números precisos en cada una de las entidades, pero sí observo en los datos preliminares la presencia de un menosprecio de los ciudadanos en general a su derecho para elegir a las autoridades políticas y a sus representantes en los congresos locales.

Dirán algunos que este es un fenómeno que se presenta en muchos países y que el nuestro se encuentra en la media mundial. Por ello, insistirán, es un hecho al cual no hay que dedicarle gran interés.

Por el contrario, opino que si bien no somos excepción, sí es un tema de alerta.

Es grave, porque el abstencionismo electoral es la primera manifestación de menosprecio de los ciudadanos hacia los asuntos públicos. A la gente le importa cada vez menos qué hacen los políticos e igualmente, soslaya cada vez más, los asuntos de la comunidad. Hay, por así decirlo, un intento de guarecerse, de protegerse en el ámbito de su vida familiar y en el espacio que se limita a lo estrictamente privado.

Los ciudadanos desconfían de lo político, son escépticos ante lo público y suponen que su mejoría y prosperidad no habrá de ser resultado de aquellos espacios intrínsecamente sociales. Se protegen en lo privado de los daños que les ha ocasionado lo político.

Por eso es —y este es el segundo elemento— que los partidos en general, pero principalmente el PRI, han encontrado una fórmula eficaz para ganar elecciones. Ésta es sencilla: se pueden comprar votos porque hay oferta o se venden porque hay demanda.

Hay, lamentablemente, mucha oferta de votos susceptibles de ser comprados (los gobernadores priistas invirtiendo dinero público para hacerse de acciones privadas) y más lamentablemente, mucha demanda de votos que encuentra fácilmente vendedores. Por lo tanto, el partido o candidato que tiene más dinero (público o privado, lícito o ilícito) tiene más “condiciones para ganar una elección”.

En muchos lugares del país y especialmente en elecciones estatales y municipales, los programas políticos y las propuestas que pudieran enarbolar los candidatos tienen poca o nula importancia para un sector, cada vez más grande, de potenciales electores. Lo que sí tiene valor es el monto de dinero —contante y sonante— que un candidato o partido o gobierno ofrece al ciudadano.

Pongamos el ejemplo, que es real, de una familia en Coahuila (o podría ser en Durango, Veracruz, Oaxaca o en cualquier región caracterizada por la pobreza en que viven la mayoría de sus habitantes), compuesta por diez personas mayores de 18 años en donde cualquier partido (principalísimamente el PRI) le ofrece cinco mil pesos al patriarca o a la matriarca por convencer a sus familiares de votar por ese partido y a cambio recibir mil pesos cada uno de ellos. Para la familia recibir 15 o 20 mil pesos en el día de las elecciones le cambia, literalmente, la vida por varios meses. Agregue el lector, que para esa misma familia, le llegan las infaltables despensas y la promesa de que serán incluidos en los programas gubernamentales de “combate a la pobreza”. Millones de familias en condiciones de pobreza (que son la mayoría) y en condiciones de pobreza extrema, difícilmente se resisten a estas “ofertas programáticas” del PRI.

Las elecciones en México están viviendo un proceso de perversión y cuyos resultados son autoridades o representantes con ausencia de legitimidad y elecciones que cada día se parecen más a un mero “proceso mercantil” de oferta y demanda de... votos.

¿Cómo se puede cambiar este fenómeno de degradación? Paradójicamente sólo con la política y, aunque algunos no lo comprendan, sólo mediante una gran reforma de Estado.

martes, 2 de julio de 2013

La conspiración conservadora

Excélsior

Los podemos encontrar en la política reivindicando a la derecha o vestidos con enérgico lenguaje de izquierda; están en el gobierno y en la “oposición”; pululan en la administración pública y privada; cavan sus trincheras en la economía y lo hacen a tal profundidad que apenas vemos sus ojillos parpadeando; se parapetan en los escritorios del periodismo intentando cubrirse con el sacrosanto manto de la libertad de expresión para tener, impunemente, libertad de mentir e injuriar;  hibernan por años en los cubículos de la academia, son como sombras que se dibujan cuando la luz aparece. Todos, aunque algunos no lo saben, son parte de una conspiración conservadora. No son pocos: en realidad son muchos y aunque pueden no conocerse entre ellos, conspiran con el propósito de que nada cambie.

A los de la conspiración conservadora, que están en el gobierno les asusta -hasta el pánico-, cualquier tormenta y nunca se atreven a incursionar en el mar abierto. Por ello, se asen del timón del gran navío que surca a lo largo y ancho de… la alberca.

¿Cobrar los impuestos, especialmente a los ricos? ¡Ni pensarlo! ¡Desestabiliza y aleja inversiones, dicen!

¿Terminar con el corporativismo sindical? ¡Nunca, pues son aliados para la tranquilidad…política!

¿Crecimiento de la economía? ¡Sólo si lo decide el mercado (aunque durante más de 30 años, el mercado haya decidido que no crezcamos)!
¿Nuevo régimen político? ¡¿Para qué?!, si el presidencialismo es lo que se acomoda a “nuestra” idiosincrasia de venerar los usos y costumbres.

¿Terminar con el feudalismo en los estados? ¡No tiene caso! ¡Los señores feudales son aliados del actual príncipe! ¡Y lo serán de cualquier otro!

Sin embargo, estos conservadores dentro del gobierno cuentan con otros conspiradores favorables al statu quo.

¿Reformar a Pemex? ¡Sólo si se privatiza!, dicen unos. ¡Ninguna reforma!, dicen otros.

¿Gobiernos de coalición? ¡No! Ponen en riesgo la permanencia de unos  en el poder absoluto y en riesgo el ascenso al poder absoluto de los otros. Son,  unos y otros, contrincantes políticos pero los unifica el mismo propósito de conservar lo existente, de mantener inalterable la sustancia. Pelean entre ellos pero son parte de la misma conspiración conservadora.

Los de la conspiración conservadora no necesariamente caminan juntos: la rutina los hace, incluso, disputar la misma senda, porque no conocen otra o porque temen transitar por una diferente.

Son los políticos claramente identificables por el mismo discurso, por las mismas formas, por los mismos objetivos de siempre; son los políticos predecibles que actúan desde Los Pinos o desde el Zócalo; son los “estabilizadores”, enemigos a muerte de cualquier reforma; los que hablan de la ley para seguir violándola; son los empresarios que claman por que otros paguen impuestos para seguir ellos en el confort de su paraíso fiscal, de sus casas en Miami, de sus residencias enrejadas; son los gobernadores que necesitan mayoría en los congresos locales para que les sea aprobada, sin riesgo alguno, su “cuenta pública”.


Son todos ellos el principal obstáculo al cambio. Se saben conservadores pero lo que no saben y no comprenden, es que su resistencia a la transformación del país se convertirá en el elemento principal de su propia extinción.