martes, 23 de noviembre de 2010

Lo que México necesita



¿Qué puede unificarnos ahora?, pregunta el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas a los miles que se congregaron alrededor del Monumento a la Revolución que, después de varios meses, fue recuperado para los ciudadanos de la capital y del país.

La respuesta viene de él: una propuesta que puedan adoptar los partidos, organismos, ciudadanos y eventuales candidatos, para que juntos nos comprometamos a mejorar las condiciones económicas y sociales de México.
Ahí, ante la asistencia de representantes de varios sectores de la sociedad, Cárdenas Solórzano habla de una gran convocatoria a construir la fuerza social "que tenga la capacidad para llevar a cabo una nueva revolución, que de ese tamaño es el cambio que el país reclama; una revolución pacífica, conducida dentro de la ley y con normas democráticas, conscientes todos de la dimensión de los intereses por enfrentar y del esfuerzo titánico que debe realizarse para sacar al país de la situación humillante de atraso, dependencia, desigualdad social, (y) postración, en la que se le mantiene".
Los oscurantistas retardatarios —como les llama— no tienen el menor interés en que millones de mexicanos salgan del abandono, de la profunda crisis económica a la que desde hace 30 años nos ha condenado el neoliberalismo. A ellos, a estos intereses, no les importa resolver los problemas del país, contrario a ello, les beneficia la situación en la que estamos.
"El recuperar el camino con los principios avanzados de la Revolución Mexicana es una tarea de las fuerzas progresistas y democráticas.
"Somos más", dice el ingeniero Cárdenas, los que pedimos una nación libre, democrática y donde la justicia social no sea escatimada; donde el gobierno no tenga un discurso monotemático ni se le regatee a la patria la unidad para transitar del querer al hacer.
Tiene razón el ingeniero, "somos más" los que queremos un cambio, pero también acierta en que las fuerzas progresistas y democráticas se encuentran dispersas, divididas y, en algunos casos, confrontadas.
Esta unidad de la que habla es el principio de una revolución que él llama pacífica y en la que tengo la firme convicción de participar para que se materialice.
Es el rescate de la nación lo que importa, no un puñado de intereses que son repartidos siempre entre los mismos, mientras que son millones los afectados.
Basta de atraso, creo que casos tan exitosos como el de Brasil deberían apenar a los neoliberales que insisten en aplicar su modelo o, de lo contrario, el país se precipita al vacío.
Unidad es lo que pide la nación a todos y hay que darnos, por lo menos, la oportunidad de participar en un gran acuerdo como del que habla el ingeniero y lograr con ello un cambio profundo, como sucedió hace 100 años cuando México se alzó en armas e inició su Revolución.

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