martes, 22 de octubre de 2013

Necesidad mata programa

¡No más impuestos! ¡No a la reforma hacendaria!, dice López Obrador y en esa proclama, es acompañado por el presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE); por Ernesto Cordero, ex presidente del Senado; algunos de los principales dirigentes del PAN; Luis Pazos, ex director de Banobras en el gobierno de Fox, y por otros personajes identificados por su pensamiento neoliberal y conservador.


Como habrán notado, esta coincidencia (la de AMLO con personajes reivindicadores de la derecha) en planteamientos de política económica provoca algún desconcierto. Lo común es que sus respectivas posiciones se enfrentan, pero en realidad no debiera de sorprender la coincidencia, porque como he dicho antes: la política tiene tantos caminos que en determinados momentos y circunstancias, quienes los recorren se pueden juntar. Entonces, como es el caso, pueden apoyarse, caminar juntos un trecho, aunque tengan cada uno de ellos destinos y propósitos diferentes.

El caminar juntos entre diferentes no siempre implica acuerdos explícitos; por el contrario, es más frecuente que estos acuerdos sean implícitos. Un ejemplo de estos lo fue el apoyo del PRI a Calderón en 2006 hasta finales de 2009. Mediante este acuerdo implícito, el PRI pasó de ser la tercera fuerza a convertirse en la primera en tan sólo tres años. En 2006 ambos se necesitaban como náufragos aferrados a un solo salvavidas: A Calderón el acuerdo le significaba la permanencia y al PRI le significaba la sobrevivencia.

La actual coincidencia de AMLO, el CCE, PAN, Cordero y Pazos en contra de la reforma hacendaria es diferente en la forma, pero tiene el mismo contenido, es decir: la necesidad política.

El PAN necesita recuperar a quienes considera aliados naturales, esto es, a las cúpulas empresariales y algunos sectores de la población de clase media alta. Ambos se le fueron en el periodo de Fox y principalmente en el de Calderón. Esta necesidad electoral los conduce a oponerse a la terminación de los regímenes especiales; a negarse a una mayor progresividad en el ISR; a resistir la terminación del régimen de consolidación fiscal; a oponerse a terminar con la deducibilidad para las grandes empresas; a que se graven las ganancias de la bolsa, etcétera, etcétera.

Esta definición del PAN es esencialmente la misma que enarbolan algunos (no todos, por supuesto) de los grandes empresarios que durante décadas han gozado de un paraíso fiscal en México. Y la necesidad de éstos que es obvia (no quieren pagar los impuestos que les corresponden) empata con las necesidades políticas del PAN.

En el caso de Cordero y el de otros personajes de la derecha hay necesidades más mundanas, pero desde luego que también hay convicciones que podríamos llamar ideológicas. La derecha en el mundo y la de México no son muy diferentes, procuran por un Estado débil, pequeño, sin recursos, sin capacidad de regular e influir en la política hacendaria y en el rumbo de la economía; rechazan al Estado inversor en áreas como la energía, telecomunicaciones y por eso mismo buscan afanosamente sacar al Estado de estos sectores estratégicos; empujan por generalizar los impuestos indirectos como el IVA (regresivos); pretende disminuir el peso de los impuestos directos como el ISR y, desde luego, que se oponen a su mayor progresividad; no quieren que se grave al capital y siempre persisten en mantener para los grandes causantes los regímenes especiales; no quieren mayor gasto público y menos desean que éste se destine a la construcción de sistemas de seguridad social.

Esto que demandan en México, es decir: ¡No más impuestos! (desde luego para los sectores de mayores ingresos) es básicamente lo que pelean los Republicanos y el Tea Party en Estados Unidos, el Frente Nacional de Marine Le Pen en Francia, Merkel en Alemania, Piñera en Chile… es decir, la derecha conservadora.

Si algo hace diferente a la izquierda de la derecha en política fiscal es que la primera procura que el Estado cobre los impuestos debidos y que lo haga de manera progresiva, porque esto implica redistribución del ingreso, pero además significa capacidad del Estado para gasto e inversión pública. La segunda sigue creyendo en la mano invisible del mercado.

¿Pero entonces… por qué AMLO coincide con la derecha en que no se cobren impuestos? ¿Por razones programáticas? Opino que no es esa la razón, porque en su propuesta electoral de 2012 se contempla lo que precisamente aprobó la Cámara de los Diputados, es decir: que se cobren impuestos y que se haga con justicia.

En su campaña electoral AMLO propuso la terminación de los regímenes especiales; la eliminación del régimen de consolidación fiscal; que los más ricos paguen sus impuestos; se graven las ganancias en la especulación financiera, en la Bolsa; que el ISR sea progresivo para que paguen más quienes más tienen. Pero su exigencia principal fue que para que hubiese justicia tributaria no se generalizaran los impuestos indirectos como el IVA,  y… para sorpresa de muchos, los diputados, principalmente los del PRD,  han aprobado las propuestas de AMLO.

Si no hay razón programática, ¿entonces por qué la coincidencia?
Por la necesidad política —igual que el PAN y los otros partidos— de mantener o hacer crecer clientelas electorales.

¿La búsqueda de satisfacer esta necesidad es una perversión que debe ser condenable? Nada de eso; pero me parece que la izquierda ganará más simpatías entre la población, si haciendo uso de todos los recursos de la política —especialmente del diálogo y los acuerdos— hace posible que sus propuestas se materialicen y se hagan realidad para con ello contribuir —desde el gobierno o en la oposición— a resolver los grandes problemas nacionales.

                *Ex presidente del PRD
                @jesusortegam
                http://ortegajesus.blogspot.com/

                ortegamartinezjesus@hotmail.com

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