martes, 29 de octubre de 2013

Los extremos se juntan

Germán Larrea, el dueño del Grupo México y poderoso empresario de la minería, dice: “Si se aprueba la reforma hacendaria y el impuesto de 7.5% a las regalías en la industria minera, redirigiré la inversión hacia otros países”. (Es decir: sacará su dinero del país). Ernesto Cordero, senador del PAN, dice: “Aun con parches, rechazarán la reforma hacendaria porque es muy agresiva en la recaudación”.


Juan Carlos Pérez Cuevas, coordinador de los diputados locales del PAN, critica el “terrorismo fiscal que deriva de la reforma hacendaria”. El Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP) dice: “El asunto de la obesidad se puede considerar como un asunto cultural y condenó la supuesta preocupación del Congreso por la salud de los mexicanos que lo lleva al extremo de decidir que deben o no consumir los mexicanos”. Con estos ejemplos se hace evidente que los representantes de los grandes grupos empresariales se oponen a la reforma hacendaria porque la misma,  hará que —después de muchos años— éstos paguen sus debidos impuestos y con ello, ciertamente, se aumente la recaudación fiscal y el gasto público en inversión productiva y social.

Pero si no fuera suficiente. Reproduzco declaraciones del actual presidente de la Coparmex, Juan Pablo Castañón, que —en el extremo— amenaza a los legisladores que no voten como la Coparmex quiere. Dice Castañón: “El sector patronal del país dará a conocer los nombres de los legisladores que votaron a favor de la reforma hacendaria. Si el legislador quiere seguir en su carrera política tendrá que explicar el porqué de su voto [….] La reforma hacendaria es antiempresarial”.

Entonces, según este dirigente empresarial, los legisladores —siempre vilipendiados por las cámaras empresariales— o votan conforme la opinión de Coparmex o serán sujetos de represalias para truncar su “carrera política”.

Por el otro extremo ideológico (el ultraizquierdismo, el populismo) la sanción a los legisladores que no se ajusten a las directrices del “movimiento” es mucho más severa; es ser señalados y acusados como “traidores a la patria”.

AMLO, hasta hace poco tiempo, decía que los legisladores sólo le eran útiles al movimiento como aportadores de recursos económicos, como proveedores de boletos de avión o quizás como repartidores de volantes. Para el dirigente de Morena, el Poder Legislativo era una entelequia o en el mejor de los casos, un mero instrumento de denuncia y de propaganda para avanzar hacia lo único que le significaba importancia y trascendencia, es decir: la Presidencia de la República.

Ahora las cosas le parecen diferentes y pide a los legisladores, incluidos los del PAN (¡cosas veredes!) “conducirse con absoluta independencia”.

¿Independencia de quién? ¿Del gobierno? Claro que sí, pues individual y en conjunto, el Poder Legislativo es (debe ser) constitucional y políticamente independiente del Ejecutivo y de otros poderes de la República.

Pero la independencia que ahora exige AMLO a los legisladores incluye a sus propios partidos y hasta a su propia conciencia. Sin embargo, nada es absoluto ni para el propio AMLO, porque tal independencia —la de los legisladores— tendrá el límite que les impone el movimiento que él dirige. El que no vote conforme a sus dictados será ¡traidor a la patria!

La sanción es diferente, pero la esencia de lo que dice el dirigente de la Coparmex y lo que dice AMLO es la misma. ¡Los extremos se juntan!

El PRD y sus legisladores han estado y están en contra de la privatización de Pemex y se opondrán a la entrega a privados, nacionales o extranjeros, de nuestros recursos naturales. Pero esa posición política es un asunto de convicción, de programa, no es resultado de chantajes o amenazas.

Hannah Arendt analizó como pocos el comportamiento de los sistemas y de los líderes totalitarios y sabía que “para alcanzar la dominación total había que eliminar, como condición sine qua non, cualquier solidaridad de grupo” incluyendo a los partidos.

Así, debilitando a los partidos y organizaciones (a los socialdemócratas, comunistas, liberales, democristianos, etcétera, etcétera), destruyendo su cohesión, alimentando su dispersión y eliminando la solidaridad entre sus integrantes, se alzó en Alemania (casi sin resistencia) el régimen totalitario.

En el régimen estalinista millones de hombres y mujeres fueron eliminados acusados de ser “elementos extraños a la clase”. Un militante detenido por ser “elemento extraño a la clase” dijo: “Yo no quiero ser un acusado sin un delito”. Pero eso no importaba porque como dijo Bujarin, acusado y ejecutado por traición a la patria, “lo esencial en estos juicios no son las causas, sino las acusaciones, como fue así la jurisprudencia de la Santa Inquisición”.

El PRD hará su parte para preservar como propiedad de la nación nuestros recursos naturales, porque esto es parte de nuestra razón de existencia.

                *Ex presidente del PRD

                Twitter: @jesusortegam

                http://ortegajesus.blogspot.com/

                ortegamartinezjesus@hotmail.com


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