miércoles, 27 de febrero de 2013
martes, 26 de febrero de 2013
El soldado del PRI presiona
El día de ayer, en el marco del Pacto por México, fue finalmente aprobada la reforma constitucional en materia educativa. Se ha hablado mucho de ésta, pero vale la pena decir que su contenido es de trascendencia y ciertamente, contribuirá de manera decisiva para alcanzar, en el menor tiempo posible, el principal objetivo estratégico: que el Estado tenga la capacidad de garantizar que la educación pública sea gratuita, universal, laica, de calidad y todo ello contribuya al desarrollo democrático del país y al bienestar de todas y todos los mexicanos.
Ahora hay que dar otros pasos que le corresponden al Ejecutivo federal, a los gobiernos de los estados y desde luego al Congreso de la Unión.
Avanzada y culminada esta reforma, ahora se está en el proceso político-legislativo de aprobar otra igual de importante, pero con un impacto inmediato en la economía del país y desde luego en el escenario político. Se trata, por un lado de terminar con una economía dominada por los monopolios que han paralizado el desarrollo económico de nuestra nación y por el otro, se trata de garantizar por el Estado, el derecho de las y los mexicanos a la información veraz, oportuna, verificable, objetiva; de garantizar la libertad de expresar, sin posibilidad de censura y sin obstáculos de ninguna naturaleza, nuestras opiniones y pensamientos sobre la política, cultura, gobierno y sobre cualquier otro tópico.
Pero siendo esto fundamental, la reforma en cuestión también terminaría con los monopolios y duopolios que existen en el sector de las telecomunicaciones y en la radio y televisión.
El ejercicio del derecho para acceder a la información y la garantía de expresar nuestro pensamiento sin cortapisas es parte fundamental del programa de una izquierda democrática, pero igualmente lo es impedir que algunos medios de comunicación impongan reglas que burlan las del Estado nacional e impongan condiciones que permiten sujetar la acción pública y de gobierno a la satisfacción de sus intereses económicos particulares.
Se trata de terminar con monopolios económicos y se trata de terminar con monopolios informativos.
El Tigre Azcárraga expresaba con sugerente frase la perversa relación del poder político con el poder mediático: soy, decía Azcárraga, “un soldado del PRI y del Presidente”. Así, mientras él construía un imperio económico, también contribuía de manera insustituible al mantenimiento de la “dictadura perfecta” como llamó Vargas Llosa al sistema priista de partido de Estado.
En contraprestación, el régimen priista pagaba permitiendo la consolidación de un monopolio económico y un todavía más peligroso monopolio ideológico.
La reforma antimonopólica en todos los sectores de la economía y la que tiene que ver con telecomunicaciones y radiodifusión busca que la economía mexicana crezca sin distorsiones, pero sobre todo busca hacer efectivo el derecho humano y constitucional de las y los mexicanos a la información, y busca hacer verdadera la libertad de expresión sin obstáculo alguno.
martes, 19 de febrero de 2013
La encrucijada de la Iglesia católica
Excélsior
A casi ocho años de asumir como la máxima autoridad de la Iglesia católica, el Papa Benedicto XVI impactó al mundo el 11 de febrero al anunciar su renuncia. Esta decisión conmocionó ya que es el primer Pontífice de la era moderna que ha renunciado.
A casi ocho años de asumir como la máxima autoridad de la Iglesia católica, el Papa Benedicto XVI impactó al mundo el 11 de febrero al anunciar su renuncia. Esta decisión conmocionó ya que es el primer Pontífice de la era moderna que ha renunciado.
Para algunos, esta renuncia provocará una crisis en el seno de esa institución. En sentido contrario, pienso que la abdicación es causa de una aguda crisis que experimenta el Vaticano.
El argumento más publicitado por la Iglesia católica para justificar la renuncia pontificia ha sido su estado de salud debido a su avanzada edad. Sin embargo, es más probable que la abdicación se deba a la crisis provocada por la dramática disminución de católicos en el mundo, los desencuentros con otros líderes religiosos, escándalos por pederastia clerical, sospechas de lavado de dinero en el Instituto para las Obras de la Religión (la banca vaticana), el enfrentamiento entre un sector inclinado a dar continuidad a una Iglesia mediática sustentada en el carisma papal y otro inclinado a una visión más pastoral, así como luchas palaciegas y divisiones antagónicas en el seno de la curia romana que dejaron al descubierto las filtraciones del caso conocido como VatiLeaks, las cuales incluían correspondencia confidencial del propio Joseph Ratzinger.
En su propio texto de la renuncia se pueden entrever las razones anteriores cuando él afirma: “En el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de San Pedro y anunciar el evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu”.
Así, se infiere que la abdicación de Benedicto XVI está más relacionada con una decisión política que con su edad avanzada. La razón más probable para que decidiera no continuar con su pontificado es el poder incidir en su sucesión en una Iglesia enfrentada y en crisis.
Resulta evidente que Benedicto XVI busca asegurar la continuidad de la cual él mismo es representante, al haber sido en su momento el colaborador intelectualmente más activo y poderoso de su antecesor, Juan Pablo II, en el Colegio Cardenalicio.
Será interesante ver cómo reaccionarán los cardenales en su papel de electores ante la situación atípica en donde un Papa en vida busca influir en la designación de su sucesor, sobre todo cuando la elección de una nueva cabeza de la Iglesia católica trascenderá la mera personalidad del elegido, ya que en la coyuntura actual de esta institución dicha elección definirá el rumbo del catolicismo en las próximas décadas.
Lo más deseable para todos, creyentes y no creyentes, sería que el nuevo Papa tuviera un compromiso real con el ecumenismo, la pluralidad y la tolerancia.
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