viernes, 28 de septiembre de 2012

POSICIONAMIENTO DE NUEVA IZQUIERDA SOBRE LA REFORMA LABORAL

El Partido de la Revolución Democrática, en cumplimento de sus responsabilidades institucionales, ha participado en el análisis y discusión de la iniciativa de reforma laboral presentada por el Ejecutivo Federal. 

El Grupo Parlamentario del PRD en la Cámara de Diputados ha impulsado aspectos que considera positivos como la democracia y transparencia sindicales, y ha propuesto alternativas a otros que considera negativos, como el menoscabo de derechos laborales, de una flexibilización a ultranza que precarizaría aún más las condiciones laborales de las y los mexicanos. 

El dictamen sobre la reforma laboral aprobado este 27 de septiembre en la Comisión de Trabajo y Previsión Social de la Cámara de Diputados, únicamente incluye los aspectos más lesivos de la iniciativa para los derechos laborales, al mismo tiempo que excluye cualquier posibilidad de avanzar en la democratización y transparencia en los sindicatos. Por lo tanto, el dictamen de reforma laboral mencionado, no termina con el obstáculo que representan las cúpulas del sindicalismo corporativo y corrupto, que no sólo no defienden los intereses de las y los trabajadores, sino se han convertido en uno de sus principales enemigos, así como un gran obstáculo para el crecimiento y desarrollo del país. 

El PRD no puede admitir una reforma laboral que no únicamente atenta contra los derechos de las y los trabajadores, sino que protege y fortalece los intereses y la impunidad de una casta de caciques sindicales corruptos. 

Ante estos hechos, emplazamos al Partido Revolucionario Institucional, al Partido Acción Nacional y a los sectores empresariales a que definan, si hacen un vulgar intercambio de flexibilización del mercado laboral por impunidad y protección para esta casta de dirigentes corruptos, que son un freno para el progreso del país. 

Reiteramos que no estamos en contra de una reforma laboral que sirva al país a enfrentar los nuevos retos del mundo del trabajo en un mundo globalizado, sino que estamos a favor de una reforma con visión de Estado, que incremente la productividad y eleve el nivel de vida de las y los trabajadores. 


Jesús Ortega Martínez

Coordinador Nacional de Nueva Izquierda

miércoles, 26 de septiembre de 2012

PRD: Del partido-hombre al partido-programa


La vida política sigue suce-diendo como en el siglo XIX: en torno y casi de manera exclusiva a los personajes.

En el mundo existen organizaciones y partidos políticos de la mayor diversidad. Hay aquellos que se guían en la más pura ortodoxia de los partidos de “corte clásico”, de cuasi ejércitos en donde los ciudadanos se afilian cual si fuesen reclutados o adoctrinados. Otros, han innovado su comportamiento para situarse en la renovación y la heterodoxia, como los partidos-frentes (partido aglutinador de partidos). Existen también aquellos, como la izquierda española después del franquismo, la italiana posterior a la caída del muro de Berlín y la brasileña a partir de los 80’s, que dejaron dogmas y evangelios. También hay partidos en todo el mundo que particularizan su representación en uno o varios sectores sociales como los indígenas y campesinos, como “los sin tierra”, los productores de hoja de coca en Bolivia, los ecologistas, etcétera…

La diversidad ha sido, y es ahora mismo, enorme pero me interesa poner énfasis en aquellos partidos cuyos integrantes se unifican y organizan en torno a un individuo, a un personaje y de los cuales está pletórica la historia de México.

En nuestro país, parecería que el tiempo no ha pasado y la vida política sigue sucediendo como en el siglo XIX: en torno y casi de manera exclusiva a los personajes. El echeverrismo, salinismo, cardenismo, foxismo, pejismo… por referirme a los últimos “príncipes”, a los “partidos-hombre” más relevantes en México en los pasados cincuenta años.

La “personalización” de la política –una forma de feudalización– ha traído, entre otras consecuencias, una “desideologización” del quehacer político (ausencia de ideas y pensamientos en la confrontación política); una reducción al mínimum minimorum del debate programático (todo se reduce a estar a favor o en contra del personaje); una carencia de programas en los partidos; una ausencia de propuestas alternativas; y lo más grave, para cualquier sistema democrático, el debilitamiento al extremo de los partidos políticos como instituciones.

En las sociedades plurales como la nuestra surgen liderazgos políticos y sociales, lo cual es natural, pero sucede con mayor frecuencia en situaciones de incertidumbre sobre el rumbo del país. Sin embargo, en las sociedades plurales modernas, democráticas, los partidos que enarbolan propuestas alternativas, que presentan programas de gobierno diferentes, que representan ideas, interés social, son indispensables.

Instintivamente, como resultado de una cultura política hegemónica en la sociedad mexicana, se tiende no sólo a minimizar, sino inclusive a menospreciar a los partidos, lo que le resta valor a la democracia y fortifica la idea de gobiernos sustentados en los “partidos-hombre”. Ello, tarde o temprano, se traduce en gobiernos autoritarios, inclusive totalitarios.

En ese sentido, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) se encuentra en una crisis de identidad: nacimos cobijados por un fuerte liderazgo personalizado, continuamos nuestra existencia a la sombra de otro y, ahora mismo, tenemos el dilema de encontrar a un tercero o de reconstruirnos –dejando atrás el tribalismo– en un verdadero “partido-programa”, en una izquierda (un “Príncipe Colectivo”) que represente una propuesta alternativa de nación y de gobierno, a la que enarbolan individualmente Peña Nieto por un lado y Calderón por otro.

Este dilema al que se enfrenta el PRD requiere ser resuelto contrastando, primero, entre un “partido-programa” y un “partido-hombre”; y segundo, de entre un partido de izquierda moderna (con ideas y pensamientos innovadores, heterodoxos y universalista) y la cultura anacrónica del individualismo, del príncipe omnipotente como centro y eje de la política nacional.

martes, 18 de septiembre de 2012

Nueva oposición


México requiere una oposición constructiva, una oposición que le sea útil, lo cual de ninguna manera es sinónimo de que le sea útil al régimen y menos de que le sea útil al gobierno.

Ante el riego que enfrentamos de una política regresiva, la izquierda debe de innovar la forma de ser oposición con compromiso social y democrático, para enfrenar al autoritarismo y las políticas neoliberales que se vislumbran. Al mismo tiempo, aportar propuestas viables para solucionar los grandes problemas del país.

Es momento, la izquierda puede abandonar visiones sobreideologizadas para definir sus prioridades, siendo la principal el bienestar y la seguridad de la población en el marco de una sociedad democrática y de libertades.

Es necesario que la izquierda se aleje de posturas conservadoras y recupere su naturaleza reformadora, debatiendo y proponiendo alternativas para construir un mejor país. Es urgente que las fuerzas progresistas nacionales abran sus puertas y ventanas a nuevas ideas, que sean contemporáneas de las izquierdas que gobiernan en otras latitudes y que sea el motor de la elaboración de un nuevo pensamiento que cimiente las acciones de esa nueva oposición.

Pensamos que son necesarias reformas para poder transformar positivamente al país, pero sin traspasar una línea roja: la afectación de los derechos humanos, sociales, económicos, políticos, culturales, ambientales de las mexicanas y de los mexicanos. Esta línea no obedece a dogmas, sino a convicciones democráticas y derechos.

Nuestro país requiere una reforma a la Ley Federal del Trabajo para enfrentar los nuevos retos que se están presentando en el mundo laboral del siglo XXI, pero sin sobrepasar la línea de la calidad de vida y los derechos conquistados por las trabajadoras y los trabajadores.

Es posible una estrategia que combata frontalmente a la delincuencia organizada y prevenga la inseguridad, sin traspasar la línea del respeto de las garantías individuales y los derechos humanos.

Podemos crecer en el marco de una nueva economía, pero sin rebasar la línea de un Estado inversor, que mantenga su potestad rectora y reguladora. Asimismo, si utiliza una visión estratégica que tenga como prioridad el interés nacional, México puede ser parte y aprovechar la globalización para desarrollarse económicamente, en lugar de sólo estar padeciendo sus efectos más negativos.

Existen también muchos otros temas en los que se pueden llegar a consensos, que desde ninguna perspectiva se encuentran cerca de cruzar la línea en los que la izquierda tiene la posibilidad de ponerse a trabajar de inmediato.

México requiere una oposición constructiva, una oposición que le sea útil, lo cual de ninguna manera es sinónimo de que le sea útil al régimen y menos de que le sea útil al gobierno.

La ciudadanía espera que las fuerzas políticas, independientemente de que sean gobierno u oposición, trabajen para solucionar los problemas más graves que enfrentamos como sociedad. La izquierda tiene los elementos para ser una fuerza política que, desde la oposición, construya y contribuya a dar respuesta a las ciudadanas y los ciudadanos.