jueves, 18 de junio de 2015

“Una tormenta perfecta nos afectó en las elecciones"


Los resultados electorales mantienen preocupados a liderazgos del PRD con miras a 2018. Uno de ellos es Jesús Ortega, líder de Nueva Izquierda, la corriente de mayor peso en el partido, quien asegura que la situación actual del perredismo prende las alertas y ve necesaria una reforma interna profunda para retomar las ideas de la izquierda.

En sus oficinas en la colonia Roma del Distrito Federal, muestra a EL UNIVERSAL los resultados históricos del partido en elecciones intermedias, donde su promedio es de 14 puntos porcentuales, ahora, según sus cálculos, resultaron con el 12%, dos puntos abajo de su promedio.

Reconoce que salieron magullados y golpeados, pero resistieron la elección. Su balance poselectoral le indica que varios factores como la salida de fuertes liderazgos —resaltan apellidos como Andrés Manuel López Obrador, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y Marcelo Ebrard Casaubon—, así como casos como Ayotzinapa y Tlatlaya, además de la Línea 12 del metro, la mala elección de candidatos y la soberbia en el DF, crearon una “tormenta perfecta” para que el PRD no lograra lo esperado. 

Sobre los destapes rumbo a 2018, dice que Miguel Ángel Mancera, jefe de gobierno del DF, tiene dos años y medio para consolidarse y convertirse en un fuerte candidato, pero acepta que ha tenido “aciertos y errores”; niega que por él se hayan tenido malos resultados pues esto obedece a varios fenómenos y no se puede personalizar. 

De López Obrador dice que tiene una visión religiosa al creerse “mesías”, un San Juan Bautista que a quien toca lo vuelve libre de la corrupción. 

“Dice que de los 10 partidos nueve son corruptos, sólo uno ‘el mío’ no es corrupto; esa es una visión de un absolutismo irredento, de una visión de dicotomía sin remedio, de una visión casi religiosa o no casi sino religiosa. 

“Entonces todos los del PRD, dice Andrés Manuel, se han corrompido, los que se salieron del PRD, entre ellos él, son una especie de bautizados y de bautizados por él, es una especie de San Juan Bautista. El que pasa por sus manos es redimido. Esa es una visión equivocada de la política, es una visión de un salvador, de un enviado, de un mesías, y eso está bien para la religión pero no para la política”.. 

Mancera, a consolidar

Mancera dice que quiere ser presidente, ¿no es apresurado? 

—No sólo lo digo como una respuesta formal, está en su derecho de aspirar y de decirlo. No es apresurado porque ¿cuántos precandidatos ya tenemos a la Presidencia en otros partidos? Ya tenemos bastantes precandidatos que ya tienen años trabajando, bueno López Obrador tiene varias décadas, pero lo mismo sucede con el PAN y con el PRI. Falta decir otros del PRD, porque faltan otros que aspiren por el PRD a la Presidencia de la República. 

¿Apoyaría el PRD a Mancera? 

—Eso sí sería bastante apresurado. Tiene dos años y medio para tomar un impulso muy sólido y convertirse en un fuerte candidato a la Presidencia de la República, esa estrategia pues debe de impulsarla, ojalá se esté dando cuenta, más ahora que necesita un gran empuje para no solamente figurar sino para ser presidente de la república. 

¿En el DF ganó Andrés Manuel y perdió Mancera? 

— No. Lo que sucedió con Andrés Manuel es que al salirse (en 2012) se llevó parte del PRD y también capitalizó una parte de las inconformidades de una parte de la gente hacia el PRD, pero ¿qué no dijo AMLO que nos iba a aplastar en las elecciones? Ganamos las seis delegaciones más importantes. ¿Qué no dijo Andrés que iba a desaparecer el PRD nacionalmente? Estamos tres puntos arriba de Morena a nivel nacional, tenemos mucho más diputados que él, somos la tercera fuerza. 

No me estoy regodeando con ello, sino que esta visión de descalificar al contrincante no da muy buenos resultados y Andrés Manuel López Obrador no cumplió con los objetivos que tenía, al contrario, quedó abajo del PRD, nuestro partido. 

Preocupación latente

Pero Morena les arrebató la Asamblea Legislativa del DF... 

— Obtiene más votación, de diputados no lo sé, porque tienen un diputado más de mayoría pero en conjunto creo que va a tener menos diputados que el PRD. Ahora, ¿es para preocuparse?, sí es para preocuparse. 

¿Es para preocuparse para las elecciones de 2018? 

Claro, desde luego. Es para alertarnos de que tenemos que tomar en cuenta lo que sucedió y tomar medidas de esta gran reforma que necesitamos. 

¿Entonces no ve una alianza de izquierdas con Morena? 

—Yo digo que debemos privilegiar las alianzas con la izquierda, pero para que haya alianzas necesitamos mínimo de dos, si él (López Obrador) dice que todos los partidos son corruptos menos el suyo y que no va a hacer alianza con nadie, entonces cómo hacer alianza. 

De cualquier manera vamos a privilegiar hacer alianzas con la izquierda en términos generales. 

¿Se buscará a Andrés Manuel López Obrador directamente? 

—Creo que el PRD debe lanzar una convocatoria para hacer una gran fuerza de izquierda, de cara a las elecciones de 2018, vamos a ver cuántos pueden comprender la necesidad de esta gran alianza con nosotros. 

Pero con ustedes ni a la esquina, dice AMLO, y muchos dicen que sin esta gran alianza de izquierdas no hay posibilidades para 2018...

—Si lo que dice Andrés Manuel y en parte lo que dicen de la alianza de las izquierdas, entonces Andrés Manuel va a asumir una responsabilidad bastante importante. 

El PRD tuvo resultados pésimos en el Distrito Federal. 

—Yo digo que hemos vivido en el DF un desgaste en 18 años de gobierno. Todo ejercicio del poder desgasta, pero más desgasta cuando este ejercicio del poder se pretende, sobre la base de 62% de la votación, y ahí es donde hay una actitud de autocomplacencia. 

¿Se actuó con soberbia en el DF? 

—Sí, se actuó con soberbia; si un partido tiene el 62% en la capital generó, debo decirlo, en compañeros, una actitud de arrogancia. No me alegra que hayamos perdido siete delegaciones, pero ya que las perdimos entonces recuperemos humildad y una actitud radicalmente nueva, enfrentemos una circunstancia relativamente nueva. 

¿René Bejarano propone una refundación del PRD o que se forme otro partido con base al PRD? 

—Es atendible la opinión de René. Pero a veces pienso que algunos compañeros piensan en refundación eliminándolo todo, no creo, yo más bien hablo de la gran reforma del PRD que toma en cuenta nuestra realidad actual pero también toma en cuenta los 26 años de existencia de nuestro partido, pero no solamente la existencia del PRD sino los antecedentes políticos del PRD, la izquierda previa al PRD, tenemos que hacer un examen profundo, como la izquierda italiana. El PRD, como todo partido, es un instrumento y cuando ese instrumento tiene muchas carencias pues hay que corregir esas carencias. 

¿Sería crear un nuevo partido y desaparecer al PRD? 

—Yo creo que en un proceso de renovación, no debes descartar nada. No descartemos nada, abrámonos en la mente y en el pensamiento a todas las ideas y propuestas, a todas las sugerencias, lo peor que puede hacer uno en procesos de renovación es poner límites, en realidad nada debe de ser indiscutible. Debemos estar abiertos a cualquier posibilidad. 

¿Cabría la desaparición de ‘corrientes’ en esta reforma? 

—Ya en una ocasión, por decreto, desaparecimos algunas. Por votación y unanimidad las desaparecimos pero pasó que las corrientes no se desaparecen por decreto, las corrientes son consustanciales a los partidos, no hay partido que no tenga corrientes. En Morena, aunque no se crea, ya hay corrientes; va a fracasar la visión de absolutizar y concentrar las decisiones en una sola persona. 

En Morena está la corriente de Martí Batres (su presidente nacional), además de Ricardo Monreal (delegado electo) y otras. 

Lo que necesitamos en el PRD no es desaparecerlas sino que dejen de ser grupos de presión para que se conviertan fundamentalmente en corrientes de pensamiento, para el debate, para la confrontación de tesis, de ideas. El Universal. Stampa.

*Expresidente del PRD


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martes, 16 de junio de 2015

Prioridades


Para la izquierda en general, la igualdad es uno de sus principios básicos. Por el contrario, el prin-cipio de libertad dista mucho de ser homogéneo entre las izquierdas. Para la izquierda democrá-tica la igualdad y la libertad son principios que deben ponerse en práctica de forma paralela. Pa-ra la democracia social, no puede haber igualdad si no coexiste con la libertad y viceversa.

Por otro lado, para las izquierdas revolucionarias y populistas, la igualdad es un fin supremo, superior a cualquier otro valor, como el de la libertad. Para este tipo de pensamiento, libertades y derechos pueden llegar a ser distractores y contrarrevolucionarios.

El ejemplo ya clásico de la supresión de libertades en nombre de la igualdad lo representa lo que se llegó a denominar como “socialismo real” en la URSS, particularmente durante el periodo del estalinismo.

Inmediatamente después de la Revolución de Octubre de 1917, la homosexualidad fue despenalizada por parte de los demócratas constitucionalistas. Sin embargo, a la llegada de Stalin al poder se consideró a la homosexualidad como “contrarrevolucionaria”, como una “manifestación de la decadencia de la burguesía”. Máximo Gorki, uno de los escritores connotados del estalinismo, escribió en Humanismo Proletario: Exterminad a los homosexuales y el fascismo desaparecerá (paradójicamente, la homofobia es un principio fundamental de la ideología fascista).

En contraposición a la postura estalinista, a partir de la década de los 60 del siglo pasado comienza a fortalecerse una nueva izquierda, la cual, abandonando dogmas, sostiene que la igualdad y la libertad deben darse de manera simultánea. Esta es una izquierda para la cual no puede existir igualdad sin respeto a los derechos humanos, sin tolerancia y sin respeto a las diferencias.

Para la izquierda libertaria que se configura a partir de la segunda mitad del siglo XX, el sujeto histórico del cambio social ya no es exclusivamente el proletario, sino reconoce que para poder llevar a cabo transformaciones profundas es indispensable la participación organizada de quienes luchan por los derechos de las mujeres, el medio ambiente, contra el racismo y contra toda forma de discriminación, incluida, obviamente, la generada por la orientación sexo-genérica.

Es a partir de esta nueva forma de pensar que la mayoría de los partidos de izquierda democrática en el mundo incorporan en sus programas acciones contra la discriminación y alianzas naturales con movimientos que luchan por los derechos de las poblaciones LGTTTBI. Asimismo, algunos partidos y organizaciones de corte comunista y populista se han quedado anclados en el dogma homofóbico.

Actualmente, en México conviven las dos visiones. Por un lado, la principal fuerza de izquierda en el país tiene un claro compromiso en contra de la discriminación y con el avance en el reconocimiento de los derechos humanos de las poblaciones LGTTTBI. El PRD ha impulsado importantes reformas y políticas públicas en este sentido en todo el país, logrando los resultados más evidentes en la Ciudad de México, en la ciudad de las libertades.

En cambio, para el partido de Andrés Manuel López Obrador este tema es invisible. Para el líder máximo de Morena “lo fundamental es la honestidad, eso (los temas del matrimonio entre personas del mismo sexo y la interrupción legal del embarazo), con todo respeto y autenticidad, lo considero como algo no tan importante, lo importante en México es que se acabe con la corrupción”.

Aunque estas afirmaciones causaron gran revuelo en medios de comunicación, en las redes sociales (#SaldelclosetAMLO se convirtió en tendencia en Twitter) a muchos no sorprendió la postura de AMLO, ya que recuerda el poco entusiasmo y la falta de impulso a la agenda LGTTTBI cuando fue jefe de Gobierno del Distrito Federal, así como también recuerdan que cuando era candidato presidencial y era cuestionado sobre el matrimonio igualitario contestaba que eso lo tenía que decidir la gente, por lo que se debía someter a consulta popular.

Como varios temas, el de las libertades y derechos de las personas con una orientación sexo-genérica diferente a la heterosexual denota la existencia de dos tipos de visiones: por un lado, una izquierda tolerante, plural y vanguardista y, por otro, una fuerza política anclada en los atavismos del nacionalismo revolucionario y algunas reminiscencias estalinistas.

México necesita ver hacia el futuro y llevar a cabo transformaciones de fondo que signifiquen avances hacia la igualdad sin detrimento de libertades y derechos de las personas. Esa es nuestra visión.

*Expresidente del PRD


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martes, 9 de junio de 2015

La última llamada


Terminó la jornada de emisión del voto. Estamos en el proceso de recuento y vendrá, seguramente, un tiempo largo para la intervención de los tribunales. Pero aun así, es necesario hacer una valoración del conjunto de estas elecciones y, de manera particular, acerca de la participación del partido en el que milito, el PRD. En términos generales, en la elección se disiparon las amenazas de interrumpir los comicios con las que amagaron los grupos afectos a la violencia incrustados, principalmente, en la CNTE y en otras organizaciones extremistas. A éstos, la lección se las dio la ciudadanía, la que aun invadida de un gran descontento, prefirió canalizarlo por la vía de las urnas.

Los “anulistas” fracasaron igualmente. Su febril activismo para que la ciudadanía dejara de ejercer su derecho y su obligación al sufragio no tuvo eco y,  en sentido diferente, la participación de las y los electores en las urnas es razonablemente aceptable, más tomando en cuenta la difícil situación del país.

Además, hay que decir que las elecciones del domingo inauguran una nueva etapa de la vida política de la nación, especialmente en lo que se refiere al sistema de partidos prevalecientes. La presencia de las candidaturas independientes y la utilización por la ciudadanía del voto como forma de sanción a los partidos, es un elemento que hay que resaltar.

En ese sentido, asumo que el PRD fue sancionado por una parte de los electores en varias regiones del país, pero especialmente en la capital de la República. John Acton decía que todo ejercicio del poder corrompe y, consecuentemente, desgasta, más aun cuando éste, el poder, se ejerce de manera errada.

¡Vaya que tiene razón el historiador inglés!

Y es que en la memoria colectiva los aciertos se olvidan pronto, pero los errores rara vez se disipan. En 26 años de existencia del partido y con 18 años del PRD en el Gobierno del DF, hemos hecho muchas cosas positivas que se han tomado como ejemplo para reproducirlas en el conjunto del país. Ciertamente, el PRD, y de manera particular en la Ciudad de México, ha puesto en práctica políticas sociales, democráticas, libertarias, de protección de derechos humanos que son sustantivamente progresistas y de avanzada. Eso, honradamente, debiera reconocerse sin mezquindades.

Pero aun con ello, también hay que reconocer que hemos cometido enormes yerros que la gente, claramente, no olvidó. Ciertamente adoptamos no pocas decisiones equivocadas desde el PRD como desde nuestros gobiernos; también acusamos de parálisis política en momentos decisivos y, sin duda, lo más dañino fue nuestra omisión (política y judicial) ante lamentables actos de corrupción.

¡Ésta, la que nos dio la ciudadanía el domingo, es una lección que debiéramos grabarla en piedra como si fuese una escultura fija en el piso, colocarla frente a nuestros ojos en cada una de las oficinas del partido y en las de nuestros gobiernos en todo el país!

Pero nuestro problema —como es el mismo en otros partidos de México y el mundo— no se limita sólo a la acción inmediata, sino que se extiende a la concepción estratégica sobre el ser de izquierda.

Efectivamente, estamos obligados —so riesgo de daños definitivos— a llevar a cabo cambios radicales en nuestro quehacer diario, pero quizá más importante que ello, es el cambio que debemos realizar en aquellas teorías ya anacrónicas acerca de nuestras responsabilidades frente a la sociedad.

En 26 años de camino hemos llegado a una estación que puede ser terminal o puede ser, como aquellas de paso obligado para ver el mapa, la brújula y hacer el necesario cambio de vía.

La parada no debe ser sólo para abastecimiento, por el contrario, debe ser para cambiar el rumbo y ello significa un indispensable cambio generacional; significa el cambio programático que modernice nuestra propuesta política; el cambio conceptual en nuestro pensamiento político y, desde luego, el cambio en nuestra acción que haga congruente nuestro decir con nuestro hacer.

Y ésta es, quizá, la última llamada que nos hace la gente para que hagamos el cambio de vía.

*Expresidente del PRD


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