martes, 26 de agosto de 2014

El instinto autoritario


En días pasados el PRI anunció la presentación de una solicitud para la realización de una consulta popular. Se trata, según el presidente de ese partido, César Camacho Quiroz, de consultar a la ciudadanía sobre la reducción del número de integrantes en las Cámaras del Congreso de la Unión.

Camacho Quiroz sabe que esa consulta no es posible porque la Constitución Política en su artículo 35, fracción VIII, prohíbe las consultas populares en materia electoral. ¿Por qué entonces, sabiéndolo, hace tal anuncio? ¡Lo hace porque intenta una maniobra leguleya para tratar de impedir que se lleve a cabo la consulta popular que en materia energética el PRD está proponiendo desde hace meses!

Se trata de que, al ser rechazada la propuesta del PRI por ser, obviamente, inconstitucional, de pasada —con esas visiones de los “equilibrios políticos”— la Corte rechace la iniciativa perredista.

Veremos más adelante si nuestro máximo Tribunal cae en la trampa.

Sin embargo, la artimaña de los dirigentes priistas permite develar su intrínseco autoritarismo y del cual,  pareciera —a pesar de los cambios que ha experimentado el país—, no son capaces de desprenderse.

En el fondo su propuesta responde al instinto —tan presente en muchos dirigentes priistas— de reconstruir el viejo presidencialismo absolutista mediante el debilitamiento del mayor de sus contrapesos, es decir, del Congreso de la Unión.

Con la insensatez que propicia el olvido de lo que fue el sistema de partido de Estado, con los “nuevos soldados del PRI” parapetados en el duopolio televisivo y a diario linchando al Congreso con la “gritería” que, desde la ignorancia, exigen que se termine con la pluralidad política; con todo ello los nostálgicos del régimen priista autoritario encuentran un escenario propicio para restablecer los ignominiosos tiempos del presidencialismo omnipotente.

La propuesta de Camacho Quiroz es contradictoria con los discursos del Presidente, en los cuales es frecuente su celebración al diálogo constructivo entre los partidos, en donde no falta el elogio al esfuerzo que dio origen al Pacto por México, el reconocimiento al Congreso de la Unión y tampoco deja de estar presente la alabanza a la nueva pluralidad política que se construyó durante tantos años y en no pocas ocasiones, a contrapelo del priismo. Sin embargo, todo esto aparecería como simulación si en lugar de ser consecuente con sus discursos, Peña Nieto hace causa común con los nostálgicos del viejo régimen autoritario.

La política, el sistema de partidos (en plural), la diversidad política que sustituyó desde hace décadas al régimen priista, es lo que le ha permitido al país estabilidad y mejores condiciones para el desarrollo democrático de nuestra sociedad. Ha pasado tiempo y hoy muchas personas ignoran las calamidades que el “Ogro filantrópico” ocasionó al país y a las y los mexicanos.

Será el olvido o serán los errores (y escándalos) de muchos de los políticos; las insuficiencias de los partidos y sus inconsecuencias, pero como dice Bernard Crick :“La política puede ser confusa, vulgar, carente (en ocasiones ) de resultados definitivos, enmarañada[…] pero lo máximo que podemos saber con seguridad es que la política es inevitable y que es una actividad viva, adaptable, flexible y conciliadora; es la forma de gobierno de las sociedades libres”.

Debilitar al Congreso de la Unión como pretende el PRI, es en el fondo, el inútil intento de debilitar a la política.

¡Debieran saberlo Peña Nieto y César Camacho!

¿O lo saben perfectamente y por eso su propuesta esencialmente antipolítica?

                *Expresidente del PRD

                Twitter: @jesusortegam

                http://ortegajesus.blogspot.com/

                agsjom52@gmail.com

martes, 19 de agosto de 2014

De las incongruencias económicas a las hipocresías morales

Durante los dos sexenios que el PAN ocupó la Presidencia de la República, periodo también conocido como la Docena Perdida, poco hicieron los funcionarios panistas, comenzando por los presidentes de la República, para poner en marcha una política pública específica para el alza al salario mínimo y la recuperación del poder adquisitivo.

A nivel discursivo, en una ocasión el presidente Fox reconoció que el salario mínimo de los trabajadores era raquítico, pero destacó la necesidad de que gobierno y sociedad trabajaran juntos para alcanzar los niveles de desarrollo al que aspiran los mexicanos. “Aquellos gobiernos que ponían todo y el ciudadano no ponía nada quebraron, los endeudaron, tronaron al país y todavía estamos pagando las consecuencias”, dijo Fox, revelando que su idea de que el alza salarial era directamente proporcional al endeudamiento público, por lo que su política salarial fue también un episodio voluntarista.

Durante el sexenio del presidente Calderón no hubo tampoco un esfuerzo por incrementar el salario mínimo que se tradujera en una política pública. Basta recordar las declaraciones del entonces secretario de Hacienda y delfín calderonista, Ernesto Cordero, para entender su concepción al respecto: “El salario mínimo ha incrementado su poder adquisitivo, si quieren de manera muy modesta, pero al menos con un salario mínimo cada vez se pueden comprar más cosas y esto es por el control de la inflación y la estabilidad de los precios”. Con esta visión quedó claro que para el PAN la mejor política de incremento salarial era el dogma de la política de contención inflacionaria.

Sin embargo, la realidad de las cifras oficiales y de análisis académicos contradice el triunfalismo y la supuesta preocupación de los gobiernos panistas por el alza del salario mínimo y la recuperación del poder adquisitivo.

Información de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (Conasami) señala que, en 12 años de panismo, los salarios mínimos aumentaron un total de 24 pesos, es decir, un promedio de dos pesos por año. En total, en los seis años del gobierno de Vicente Fox los mínimos se incrementaron en términos reales en 10.77 pesos.  A lo largo del sexenio de Felipe Calderón Hinojosa, según cifras oficiales, en términos reales los mínimos aumentaron 13 pesos, que son las cifras más bajas de ajuste salarial desde 1970.

En los sexenios panistas, México fue una de las naciones de América Latina con menor crecimiento directo en el ingreso salarial de sus trabajadores (Centro de Análisis Multidisciplinario de la Facultad de Economía de la UNAM).  Del año 2000 a 2011, la caída real del poder adquisitivo de los mexicanos fue de 24.4% en la adquisición de productos básicos,  mientras que Brasil tuvo una recuperación de 97.6% en los ingresos de la población asalariada.

Con base en las cifras, su postura histórica de defender los intereses de la cúpula empresarial y adoptar radicalmente los dogmas neoliberales, así como sus acciones (no palabras) cuando fueron gobierno nacional, queda más que claro que para el PAN el alza real del salario mínimo y la consecuente recuperación del poder adquisitivo nunca fueron una prioridad.

Resulta evidente que el súbito interés del PAN por el alza al salario mínimo tiene más que ver con una táctica distractora para desviar la atención de su descomposición reflejada en sus prácticas corruptas (los ***moches*** del presupuesto federal son el mejor ejemplo), su contradicción entre su discurso de preservación de una moral cristiana y promoción de “buenas costumbres” y sus comportamientos, así como también dar la impresión de que están del lado de la sociedad mientras impulsan y apoyan contrarreformas como la energética, que perjudican a ésta.

                *Expresidente del PRD

                Twitter: @jesusortegam

                http://ortegajesus.blogspot.com/

                agsjom52@gmail.com

lunes, 18 de agosto de 2014

Impulsores de CCS tienen subconsciente antidemocrático

El Economista

La pretensión de que en el PRD surja una candidatura de unidad (la cual algunas corrientes perfilan recaiga en Cuauhtémoc Cárdenas) sólo evidencia el intento de regresar a la cultura del pensamiento único, es decir, la imposición. Por lo tanto, dentro del partido se debe impulsar la propuesta de una contienda entre dos o más aspirantes.

Así lo considera Jesús Ortega, líder de la corriente Nueva Izquierda del PRD, la cual ha mantenido la dirigencia nacional del instituto político y en esta ocasión se enfrenta a un bloque de expresiones que buscan el consenso para apoyar la candidatura de unidad. Los chuchos mantienen la propuesta de Carlos Navarrete.

“Los compañeros que proponen una candidatura única, no digo que lo hagan con mala fe, en el fondo, en su subconsciente, tienen la idea de no a la competencia, no a la democracia. La idea de la candidatura única no me causa problema, pero la contradigo porque es recurrir a la vieja cultura política de la unanimidad, del pensamiento único, de que no haya competencia entre las ideas”.

Entrevistado en su oficina, en la colonia Condesa, el ex dirigente del PRD aseguró que no altera la presencia de otro partido de izquierda, en este caso Morena -y con personajes emanados del Sol Azteca- “no veo mal que los electores hagan la diferencia entre dos visiones. Nosotros, una izquierda progresista, del siglo XXI, que critica, pero quiere construir soluciones, frente a una izquierda intolerante, integrista, una izquierda populista”.

En el partido, actualmente prevalece un bloque de corrientes, entre ellas IDN, de René Bejarano, que impulsan la candidatura de unidad de Cuauhtémoc Cárdenas. Al respecto, Ortega Martínez dice que cuando en el PRD se plantea la posibilidad “en lugar de la cultura democrática y competencia, los compañeros regresan a la cultura de la unanimidad, a la que hay que dejar atrás”.

¿SE QUIERE TOMAR A CUAUHTÉMOC CÁRDENAS COMO UN SALVAVIDAS?

Algunos (perredistas) lo quieren tomar así, pero creo que son los menos. En el fondo está esta cultura política de la unanimidad. El peso de personajes como salvadores, de individuos como salvadores.

¿Ahora con Morena se busca una competencia de caudillos entre los partidos de izquierda?

Algunos compañeros así lo piensan. En lugar de que la lucha sea política, para que la gente reflexione, lo convierten en la lucha entre dos titanes, como en la mitología, entre dos semidioses o entre varios. Eso parte de lo que una izquierda debe superar y hacer de la política en México no un asunto de personajes que asumen el papel de salvadores, sino de una actividad ciudadana”.

¿ESTA VISIÓN DE UNA NUEVA IZQUIERDA TRAERÁ RIESGOS, COMO CAÍDA DE VOTOS O IMAGEN EN EL PRD Y SE BENEFICIE A MORENA?

“Todo proceso de competencia tiene riesgos. No veo mal que los electores hagan la diferencia entre dos visiones de la izquierda. Veo bien que la gente vea a una izquierda progresista, como tratamos de ser nosotros, del siglo XXI; de una izquierda que critica pero quiere construir soluciones a problemas del país. Frente a una izquierda intolerante, una izquierda integrista, a una izquierda populista”.

A menos de un mes para renovar consejos municipales, estatales y nacional, las corrientes del PRD llegan con fragmentaciones internas. El surgimiento de liderazgos refleja esta separación de la cúpula. Y es que cada uno de ellos registró sus propias planillas para contender y buscar espacios de decisión y no depender de un solo líder.

Estos líderes de grupos que mantienen leve distancia en Nueva Izquierda colocaron al menos cinco planillas distintas, Alternativa Democrática Nacional tiene tres; en el caso de IDN, de René Bejarano, logró unificar y llevan sólo un listado de candidatos a consejeros estatales (en el caso del Distrito Federal).

Jesús Ortega menciona que la existencia de las expresiones son legítimas y necesarias; contrario con al PRI. “Es sana la proliferación de corrientes. En los otros partidos hay cúpulas que son las que ocupan los cargos, aquí cualquiera se puede juntar con otros y decir: queremos ser dirigentes”.

Situación que no ocurre en otros partidos, por ejemplo Morena, allá dice (Andrés Manuel López Obrador) el movimiento soy yo. Como el rey sol. Eso es el integrismo, autoritarismo en la expresión más extrema”.

jose.reyes@eleconomista.mx