martes, 20 de mayo de 2014

La gran desigualdad

Enseña Piketty en su libro la terrible y escandalosa concentración de la riqueza en tan poquísimas personas.


Carlos Marx publicó en 1867 el primer tomo de El capital, su magna obra de economía que, literalmente, revolucionó al mundo durante los siglos XIX y XX. Primero a toda Europa y, posteriormente, la influencia de esta obra se extendió a los otros continentes, sin excepción.

Pocas obras de investigación científica han tenido tal impacto sobre el desarrollo de las sociedades y de la humanidad misma. Podría mencionar a Revolutionibus Orbium Coelestium, de Nicolás Copérnico; Philosophiae Naturalis Principia Mathematica, de Isaac Newton; El contrato social, de Jean-Jacques Rousseau; El origen de las especies, de Charles Darwin; La Teoría de la Relatividad, de Albert Einstein, entre otras, cuya influencia ha transformado y revolucionado todo lo existente y el concepto mismo de la vida.

En nuestra contemporaneidad hay otras obras que igualmente transforman la vida de las sociedades, y es a una de estas últimas a la que quiero referirme. El libro que lleva por nombre Le capital au XXIe siècle, de Thomas Piketty, cuyo tema principal es el de la desigualdad en la distribución de la riqueza en el mundo.

Enseña Piketty en su libro la terrible y escandalosa concentración de la riqueza en tan poquísimas personas. En Francia, por ejemplo, el 10% más rico posee  60% del patrimonio; en el Reino Unido ese 10% acumula 70% y en Estados Unidos 70 por ciento.

Si esto sucede en los países llamados desarrollados, en los identificados como subdesarrollados (los más pobres) la desigualdad es aún mayor y mayor la tragedia que vive gran parte de la población.

Piketty explica las razones y los procesos económicos y políticos para el aumento casi exponencial de la desigualdad, pero también pone atención a las medidas, ciertamente posibles, para terminar con esta inercia que genera enormes crisis, que impide el crecimiento y que genera más y más pobreza para la gran mayoría de los seres humanos.

El autor pone énfasis en:

1. Reducir la deuda pública de los Estados. Esta deuda afecta siempre a los más pobres.

2. Hay que implementar políticas hacendarias para progresivamente gravar más a quien más ingresos tiene y menos al porcentaje de la población de menores ingresos.

3. Gravar el capital y el gran patrimonio porque eso no afectará a 60 o 70% de las personas. Esta parte de la población (los que no tienen capital, los asalariados y los de patrimonios pequeños o medianos) estaría exenta del impuesto sobre el patrimonio.

4. Gravar fuertemente con el ISR a ese 1% de la población que concentra 25% (o hasta 35% en los países más pobres) del ingreso nacional.

5. Como la desregulación históricamente ha propiciado la concentración, hay, en consecuencia, que aumentar y fortalecer la regulación del Estado sobre la economía.

6. Hay que aumentar el patrimonio público (la Reforma Energética en México va en sentido contrario).

7. Y es urgente y hasta vital para la economía de las naciones aumentar los salarios y el ingreso del sector más pobre de la población.

Estas son, según Piketty, medidas específicas y concretas para realizar cambios estructurales y, con ello, alentar el crecimiento de las economías y reducir sustantivamente la desigualdad social.

Los que se escandalizaron porque en este año fiscal se aumentó el impuesto sobre la renta a ese 10% de la población que concentra la riqueza nacional, debieran leer El capital. No el de Marx, sino el de Thomas Piketty.

                *Expresidente del PRD

                Twitter: @jesusortegam

                http://ortegajesus.blogspot.com/

                ortegamartinezjesus@hotmail.com

martes, 13 de mayo de 2014

¡Ni sancionar el embarazo! ¡Ni penalizar la interrupción del embarazo!

El estado de Guerrero es una de las entidades de la República con mayor pobreza, ello a pesar de que cuenta con dos de los puertos turísticos de mayor demanda nacional, pero al mismo tiempo, es una de las entidades con menor cantidad de tierra apta para el cultivo de extensión. Este segundo dato es significativo porque un porcentaje importante de la población de Guerrero vive (sobrevive) de la agricultura (obviamente, de la agricultura para autoconsumo).


Según datos del Coneval, en 2012 en Guerrero más de 900 mil personas padecen de alguna forma de rezago educativo; cerca de dos millones tienen alguna forma de carencia en servicios básicos de vivienda; dos millones y medio tienen carencia de servicios de seguridad social, especialmente en el acceso a la salud y se podrían dar más datos, pero los anteriores son suficientes para dar cuenta de las difíciles condiciones de vida de los habitantes de este estado, especialmente de las mujeres.

En Guerrero como en otras entidades del sur del país las personas más pobres son mujeres y de ellas dependen económicamente un alto número de familias (muy superior a otras entidades y superior al promedio nacional). Además, en estas entidades del sur mexicano es donde una gran cantidad de mujeres tienen su primer embarazo en la adolescencia. Guerrero es uno de los estados con el mayor número de adolescentes (de 12 a 19 años) que ya han experimentado un embarazo y supera el promedio nacional, que es de 26.7 por ciento. Decía un ponente en el Encuentro Internacional de la Izquierda Democrática, que “la pobreza tiene cara de mujer y madre adolescente”, más si vive en zonas marginales de las ciudades y de las zonas rurales e indígenas. “El embarazo en adolescentes es una de las causas más graves de pobreza familiar”.

Son muchas las acciones que debe hacer todo gobierno (especialmente si se asume de izquierda) para superar esta terrible situación. Pero de entre estas acciones de nuevas políticas públicas, son dos las que resultan urgentes e indispensables. La primera tiene que ver con hacer efectivos los derechos sociales básicos como son la educación, la salud, el seguro de desempleo y la pensión universal para todas y todos.

La segunda implica hacer aplicable el derecho humano fundamental de las mujeres a decidir sobre su vida y su propio cuerpo.

Sobre la primera se ha establecido una reforma constitucional que establece el derecho de todas y todos los mexicanos a la seguridad social universal. Pero este derecho debe ser exigible y el Estado debe estar obligado a hacerlo tangible. De otra manera habrá otro párrafo sobre derechos en nuestra Carta Magna, pero la pobreza en México continuará creciendo.

Sobre la segunda, es decir, el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, implica igualmente llevar a cabo cambios legislativos y acciones de gobierno que impidan —como debe ser en un Estado laico— la conversión de ciertos postulados religiosos o criterios morales particulares en preceptos legales de aplicación universal. Este es el caso de la presentación por parte del gobernador de Guerrero de una iniciativa de reforma legal para despenalizar la interrupción —en ciertas circunstancias— de un embarazo. Las razones con las cuales el gobernador argumenta su iniciativa en comento, son de salud pública, de fomento a la educación sexual y de garantía a derechos humanos y sociales de las mujeres.

Cierto que el gobierno no puede imponer —tremendo gazapo de Rosario Robles— que las mujeres “tengan como máximo tres hijos”, pero de igual manera ninguna iglesia puede imponer que las mujeres vayan a la cárcel por decidir interrumpir un embarazo. Esas dos visiones son igualmente autoritarias; ambas penalizan la pobreza; ambas violentan derechos fundamentales de las mujeres.

                *Expresidente del PRD

                Twitter: @jesusortegam

                http://ortegajesus.blogspot.com/

                ortegamartinezjesus@hotmail.com

martes, 6 de mayo de 2014

25 años del PRD

A 25 años de existencia del PRD, sus afiliados tienen muchos motivos para sentirse orgullosos de participar en esta organización política. Este, nuestro partido, ha contribuido —como pocas fuerzas lo han hecho en la historia contemporánea de México— a la democratización política y social de nuestro país.


Sería imposible, en tan poco espacio, enumerar y relatar la totalidad de nuestros aportes y por ello quiero, a propósito del discurso del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, dicho el día de ayer en nuestra ceremonia de conmemoración en la Ciudad de México, resaltar uno de los aportes principales del PRD a la vida política y social de México.

Me refiero al esfuerzo por dotar a México de una fuerza de izquierda moderna, contemporánea y en consecuencia verdaderamente capaz de enfrentar con éxito los desafíos que conlleva la transformación progresista del México del siglo XXI.

Dijo el ingeniero Cárdenas: “Solamente al régimen entreguista y neoliberal le sirve este discurso que dice que hay que ser una izquierda moderna o alejada del radicalismo”. “Los principios no son una moda”.

El concepto de modernidad aparece en el siglo XVIII y surge para diferenciar los tiempos nuevos (modernos) frente a la edad antigua y la edad media. La modernidad está identificada, nada menos, que con los tiempos de la ilustración, es decir, con el pensamiento que confronta la razón con los dogmas religiosos, con los prejuicios, las supersticiones, la idolatría, con lo antiguo enraizado en la ignorancia, en la barbarie y el atraso.

 La izquierda, en ese sentido, es hija genuina de la ilustración, de la modernidad; porque la izquierda, en la lucha política, combate, precisamente, los prejuicios, dogmas, ignorancia, conservadurismo y, desde luego, el atraso en las sociedades.

Una izquierda útil a la sociedad mexicana de nuestro tiempo será aquella que enfrenta con decisión, es decir, radicalmente, las visiones que hicieron identificar a la izquierda con el estalinismo, con el autoritarismo, con la visión de que existe una verdad absoluta y que hay individuos —como los sumos sacerdotes, mesías y salvadores— que la poseen; con el fetichismo, con el culto a la personalidad que tanto daño le hizo y le sigue haciendo a la izquierda en el mundo y en México.

La izquierda que México necesita debe radicalmente alejarse —tanto más, mejor— del “ideologismo revolucionario” que hace de dogmas y evangelios, “principios”; alejarse del “ideologismo” que tergiversa los genuinos principios de la izquierda (la igualdad jurídica y social, la democracia, tolerancia, libertad, inclusión, bienestar social para todas y todos, etcétera) hasta convertirlos en “ocurrencias tácticas” o en caprichos personales. Stalin, ejemplo de barbarismo, convirtió el asesinato de todos los disidentes a su dictadura, en “principios del marxismo-leninismo”.

La izquierda que México necesita debe superar —y el PRD debe aportar a ello— al antiguo pensamiento del “nacionalismo revolucionario”. Este programa político sirvió al país durante una etapa de nuestra historia, pero después fue utilizado como instrumento político y sostén ideológico del régimen priista autoritario de la misma manera en que el neoliberalismo es ahora soporte ideológico del panismo y del actual gobierno priista.

Para vencer a unos y otros, para vencer al neoconservadurismo (neoliberalismo) la izquierda mexicana debe actualizarse, modernizarse, hacerse contemporánea, es decir: reconocerse en la nueva realidad del siglo XXI, y ello implica, necesariamente, desprenderse de los dos grandes fardos que aun la encorvan: El marxismo dogmatizado y el nacionalismo revolucionario del priismo autoritario.

Afortunadamente estoy afiliado a un partido en donde se respeta (este sí es un principio de la izquierda democrática) la libertad de expresión y puedo disentir de la opinión de un hombre tan destacado como el ingeniero Cárdenas.

En efecto, el PRD debe modernizarse para poder hacer realidad sus principios. 

                *Expresidente del PRD

                Twitter: @jesusortegam

                http://ortegajesus.blogspot.com/

                ortegamartinezjesus@hotmail.com