martes, 20 de agosto de 2013

Propuesta alternativa de reforma energética

Los cambios son profundos, pero se pueden hacer en el marco de la legislación secundaria.
Excélsior

El sector energético es estratégico para la conquista de un desarrollo sostenido, sustentable e incluyente. Su gestión debe ser democrática, en el interés del pueblo y la nación. Para lograr lo anterior, se requiere un sistema de planeación democrática del desarrollo y de medidas legislativas para preservar la soberanía y seguridad energéticas para beneficio de la población. 

Por lo tanto, el PRD ha presentado su propuesta de reforma energética. Entre sus principales ejes se encuentran: cambio en el régimen fiscal; autonomía presupuestal; autonomía de gestión; fortalecer a la Secretaría de Energía y a la Comisión Nacional de Hidrocarburos; tarifas, precios y subsidios de los combustibles y la electricidad para un acceso equitativo a la energía; convertir al Fondo de Estabilización de Ingresos Petroleros en un organismo financiero; impulsar la investigación y desarrollo tecnológico; transición energética, cuidado del medio ambiente y desarrollo sustentable. 

Todas las aristas de la propuesta del PRD son estratégicas, pero, en este texto, nos centraremos en dos: el cambio de régimen fiscal y la autonomía presupuestal de Petróleos Mexicanos. 

El cambio de régimen fiscal es de suma importancia ya que requiere recursos económicos adicionales para aplicar una agresiva política de inversión pública canalizada a la exploración y producción; transformación industrial de hidrocarburos; autosuficiencia de insumos petroquímicos y productos derivados; mantenimiento; comercialización, distribución, transportación, almacenamiento, investigación y desarrollo tecnológico. 

Nuestra propuesta de modificación al régimen fiscal de Pemex, está enfocada en disminuir sustancialmente la tasa fiscal sobre producción petrolera; reducir la base impositiva modificando el límite máximo de deducción en inversiones, costos y gastos; redistribuir los fondos excedentes para obtener recursos para incrementar la inversión productiva; modificar el reparto y destino de los excedentes petroleros; fondear el pasivo laboral e incrementar a 1% del valor de la producción el derecho para la investigación científica y tecnológica. 

La autonomía presupuestal de Pemex es una segunda necesidad para poder garantizar el objeto de Pemex como abastecedor de energéticos. Se requiere sacar del presupuesto a Pemex para lograr el objetivo de creación de valor, en beneficio de la sociedad mexicana, con responsabilidad ambiental, manteniendo el control y la conducción de la industria, procurando fortalecer la soberanía energética. 

De ahí que sea necesario garantizar la autonomía presupuestal; para ello se propone sustentarla bajo los siguientes principios: dotar de autonomía plena para aprobar y hacer uso de sus recursos presupuestales sin necesidad de contar con la anuencia de la Secretaría de Hacienda; definir sus proyectos con base en la lógica industrial y de negocios, y no de las necesidades inmediatas de recursos fiscales; sacar a Pemex del presupuesto federal anualizado; y ejercer recursos excedentes petroleros para inversión productiva. 

Los cambios arriba mencionados son profundos, pero se pueden hacer en el marco de la legislación secundaria, sin necesidad de alterar los preceptos constitucionales como lo pretenden el PRI y el PAN. Estamos convencidos de que es posible modernizar el sector energético mexicano respetando lo establecido en nuestra Constitución Política. 

*Ex presidente del PRD

@jesusortegam

http://ortegajesus.blogspot.com/

ortegamartinezjesus@hotmail.com

martes, 13 de agosto de 2013

Los espíritus del pasado

En entregas anteriores he insistido que en México vivimos una crisis del Estado nacional y que ésta tiene diversas manifestaciones.

Excélsior


El Estado no controla, con sus instituciones —entre ellas la ley— una parte importante del territorio nacional; los monopolios determinan el rumbo de la economía. Instituciones básicas del Estado (las de la administración y procuración de justicia, por ejemplo) evidencian inoperancia o son claramente inútiles; igual sucede con aquellas encargadas de aplicar “la fuerza legítima del Estado”, como lo son una buena parte de las policías y las Fuerzas Armadas del país.

Son otras más las expresiones de dicha crisis, pero ahora quiero poner énfasis en la debilidad del sistema de representación política.

Hay en los partidos políticos de México un desafío común del cual no se han dado cuenta cabalmente: superar su débil inserción social mediante un urgente proceso de modernización que deba contemplar el diseño de nuevas formas de representación política de las y los ciudadanos. Los partidos políticos necesitamos recrearnos, necesariamente, en un impecable comportamiento ético y en un nuevo y contemporáneo programa político.

Insisto que el problema abarca a todos, pero me referiré ahora a las izquierdas y principalmente al PRD.

El PRD está experimentando los efectos del agotamiento de sus formas organizativas internas, las cuales se sostuvieron —durante 24 años— en dos personajes fuertes (Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y Andrés Manuel López Obrador fueron la columna vertebral del partido desde nuestro surgimiento).

Y sin embargo, ahora mismo, algunos perredistas, con sentimiento de orfandad, se empeñan en buscar “al padre ausente”, al “nuevo hombre fuerte”, y con el mismo empeño, algunos aparecen para tratar de “llenar ese vacío”. 

Pero más notable aún es el desfasamiento del programa político que enarbolamos durante todo ese periodo. No nos atrevemos a superar los que han sido nuestros dos pilares ideológicos, ya claramente agotados: el nacionalismo revolucionario y el “socialismo” estatista, dogmático y autoritario.

Carlos Marx decía que “las revoluciones del siglo XIX (su siglo) no pueden sacar poesía del pasado, sino del porvenir”. Así, la izquierda mexicana (y el país en su conjunto) no encontrará sus respuestas “conjurando en nuestra ayuda los espíritus del pasado, tomando prestados sus nombres, sus consignas de guerra, sus ropajes para que con ese disfraz de vejez venerable y ese lenguaje prestado representemos una nueva escena de la historia” (18 Brumario de Luis Bonaparte. Carlos Marx).

Las respuestas que México y la izquierda necesitan ahora no se encontrarán vistiendo la levita negra del presidente Juárez, ni recorriendo el país en su carruaje; no vendrán reproduciendo mecánicamente las revoluciones decimonónicas.

La respuesta a la problemática agrícola del país no se encuentra en la reproducción mecánica de los modos de producción comunal que postulaban Villa y Zapata; no está en una economía estatizada, ni en un modelo político de monarquía sexenal y de presidencialismo autoritario priista.

Por el contrario, el país y la izquierda necesitamos grandes reformas estratégicas que recuperen la fortaleza del Estado, que construyan una moderna forma de representación ciudadana con partidos renovados estructuralmente y con genuina representación ciudadana.

Con una economía en crecimiento fuera del anacrónico neoliberalismo; con un gran mercado interno que genere los empleos que los jóvenes demandan; con una verdadera seguridad social universal que garantice los mínimos de bienestar para todas y todos. Grandes reformas, como las que se plantean en el Pacto por México, para un moderno sistema político de representación y una sociedad de derechos.

*Ex presidente del PRD
@jesusortegam
http: //ortegajesus.blogspot.com/ 
ortegamartinezjesus@hotmail.com

martes, 6 de agosto de 2013

El Contrato

Supongamos este diálogo entre un individuo de nombre Julio, propietario de diez mil hectáreas en las cuales se plantan árboles para producir celulosa y otro individuo de nombre William que es propietario de una empresa especializada en perforar el subsuelo para extraer agua.


-¡Cómo estás! —pregunta Julio.

-¡Bien! Con algunos problemas como sabes y preocupado con eso de que los diputados quieren terminar con la consolidación fiscal…

-¡Sí, hombre! ¡Ignorantes! ¡No saben cuánto daño le harían a las grandes empresas que consolidamos! Deberíamos ponernos de acuerdo para impedir que eso prospere. ¡Hay que pararlos, William! Pero ahora requiero de tus servicios para otro asunto.

-¡Dime, Julio!

-Necesito perforar un pozo en mi propiedad para extraer agua y garantizar el riego para la producción de los árboles.

-Con gusto, Julio, a eso se dedica mi empresa. Sólo necesito que cubras algunos requisitos, especialmente la autorización para explotar mantos acuíferos. Ésa que emite la Comisión Nacional del Agua. Sin ese requisito, Julio, no puedes explotar ningún manto acuífero y tampoco yo podría perforar, salvo que ambos violentemos la Constitución y otras leyes…

-En ese sentido no habrá problema alguno, amigo William. Ya hice los trámites respectivos y aquí tienes el visto bueno de la Comisión Nacional del Agua.

-De ser así, entonces procedamos, querido Julio. Firmemos un contrato que especifique qué servicios te voy a prestar a través de mi empresa y, en contraparte, cómo me los vas a pagar.

-Desde luego, William. Supongo que la cantidad a pagarte dependerá de la inversión que se necesite para excavar a la profundidad requerida hasta encontrar el acuífero.

-¡Sí! A mayor profundidad y a mayores dificultades, mayor la inversión. ¡Tú lo sabes! Y por eso mismo no quiero que me pagues con dinero.

-¿Y entonces con qué? ¡Eso no lo entiendo, William!

-¡Sé que sí lo entiendes, Julio! Pero de cualquier manera te lo explico:

El contrato debe especificar que me vas a pagar, no con efectivo, sino con un porcentaje del agua extraída. ¡El 60% del agua que surja del pozo perforado en tu propiedad será mía! Esa es la condición que me parece justa.

-¡Pero es que estás loco, William! ¡¿Cómo te voy a pagar con mi agua?! ¡Eso es un atraco, es un robo! ¡Noooooo! De ninguna manera en esas condiciones. ¡Eso sería un contrato leonino! ¿Con quién crees que estás tratando?

-¡Tranquilo, querido y apreciado Julio! Veamos si te parece otra alternativa, porque de verdad quiero hacer un negocio contigo. Está bien, no me pagues con el agua, pero entonces págame con 60% de la celulosa que produzcas y yo la vendo por mi lado.

-¡Queeeé! ¿Es que has perdido el juicio, William? ¡Esas condiciones, nadie, nadie, ni el más tonto de los empresarios te las aceptaría!

-¿Tú lo crees? ¿De verdad así lo piensas, Julio? Mira, para hablarnos con franqueza, no te creo. ¿Y sabes por qué? ¡Porque nos conocemos lo suficiente y porque esto que te estoy exigiendo para perforar un pozo de agua en tu propiedad es lo que ambos le estamos pidiendo al gobierno para perforar pozos de petróleo y gas!

-Pues sí, pero ¡es al gobierno! ¡A mí no me jodes, no soy tonto!

William se mantuvo impertérrito y Julio se retiró mascullando… -¿Pero qué se cree ese pillo? ¡Darle mi agua, mi celulosa como pago por un servicio!

                *Ex presidente del PRD

                @jesusortegam

                http://ortegajesus.blogspot.com/


                ortegamartinezjesus@hotmail.com