martes, 16 de agosto de 2011

Aparecer en las boletas

 
“A menudo sólo vemos lo que queremos ver e interpretamos lo que vemos según lo que deseamos creer”. Esta es una frase de Luis Villoro, de su libro El poder y el valor, fundamentos de una ética política.
 
Este impecable razonamiento explica la falta de objetividad y de realismo en las declaraciones de algunos personajes de la vida política, incluidos quienes son aspirantes a la Presidencia de la República.

Vicente Fox, por ejemplo, en “su deseo de creer” que durante su gobierno se lograron las grandes transformaciones democráticas, ahora se atreve a asegurar que el regreso del PRI al Poder Ejecutivo sería manifestación de una democracia consolidada. El ex presidente “no quiere ver” que su gobierno preservó lo esencial del sistema priista, que no se avanzó hacia una transición, y que precisamente por ello ahora existe la posibilidad, no de una normal alternancia, sino de un nocivo fenómeno de restauración del viejo régimen.

Cosa parecida sucede con Calderón, “en su deseo de creer” que su estrategia de combate a la inseguridad es la correcta; cualquier otra que se le presente,  la soslaya, la minimiza,  la desecha y, lo peor es que, ante la terrible violencia que desangra al país, que deteriora su tejido social, que debilita al Estado, él sólo ve lo que “desea ver”, es decir, “a delincuentes matándose entre ellos”.

Lo mismo sucede con López Obrador. Para éste, todo aquel ciudadano que no comparta su punto de vista es parte de la “mafia del poder”, y todo perredista que difiere de su posición “es un traidor”. Esta postura es evidentemente subjetiva, pero lo más grave es que, cuando alguien ejerce poder y, desde éste, sobrepone sus deseos exclusivos y excluyentes, se deriva frecuentemente hacia concepciones absolutistas. Pongo un ejemplo: “Seré candidato —dice AMLO— de uno, de dos, o de tres partidos”. Con esta actitud, López Obrador ve los comicios de 2012 a partir, principalmente, de sus deseos, y no en razón de las necesidades de las fuerzas progresistas y de las propias del país.

Satisfacer el deseo particular de aparecer en las boletas electorales es intrascendente para México. Lo importante es razonar objetivamente sobre quién debiera ser el candidato que la izquierda necesita para ganar y para construir el nuevo gobierno progresista que el país necesita.

Cito de nueva cuenta a Villoro: “Al intentar ver el mundo desprendido de mis deseos, puedo considerar a los demás con imparcialidad y juzgar de los intereses ajenos con la misma ecuanimidad con que podría juzgar los propios. La postura desprendida de los deseos propios abre al diálogo y a la comprensión de las posiciones ajenas”.

Acceder a una postura desprendida de los deseos propios no es fácil, pero es lo que el país requiere.

martes, 9 de agosto de 2011

Peña Nieto y El Canelo Álvarez

Excélsior  

Ricardo Garibay, importante escritor de novelas, cuentos y crónicas, escribió sobre la política... y sobre el boxeo. Era aficionado a esta disciplina e hizo en su última época una biografía sobre El Púas Olivares, gran boxeador y verdadero ídolo popular. Garibay decía que el púgil “ha de acabar como bagazo de los publicistas”, y con ello describía la constante relación del pugilismo con el negocio de la publicidad.

¿Y por qué citar a Garibay, a su pasión por el boxeo, y relacionarlo con Peña Nieto y con un joven boxeador jalisciense? ¿Qué tiene que ver el gobernador del Estado de México con El Canelo Álvarez?

Veamos lo siguiente: El Canelo Álvarez es una de las figuras principales del boxeo actual, es un negocio muy exitoso y altamente redituable para una empresa televisiva. La televisión ha logrado hacer de El Canelo un nuevo “ídolo” que, cuando pelea, logra grandes ratings televisivos y, desde luego, deja enormes ganancias. Pero esto lo ha hecho posible la empresa televisiva, a través de pactar enfrentamientos del joven boxeador con similares que son —como decía Garibay— “bagazos”, esto es: boxeadores olvidados, muy golpeados, dañados, diezmados en potencia y facultades; o con otros que, de tan inexpertos, no conocen de la más elemental técnica boxística y que los suben al ring sólo para perder. En su última pelea, El Canelo enfrentó a un inglés tan malo como desconocido, con tantas cicatrices y con tantos golpes que no ofreció, como se sabía de antemano, ningún obstáculo para otra victoria del ya famoso Canelo.

Pues bien, de la misma manera que se ha hecho la carrera profesional de El Canelo hacia los campeonatos mundiales, se está haciendo la propia del que pareciera ser candidato del PRI hacia la Presidencia de la República, es decir: publicidad, más publicidad, grandes ganancias y buscándole contrincantes a modo.

En su última “pelea”, la del Estado de México, Peña Nieto tuvo —como dicen algunos cronistas de boxeo— un “día de campo”, ni se despeinó como dicen otros. Y así lo llevan, cuidándolo, no exponiéndolo a golpes ni a castigo innecesario,  protegiéndolo para que “lo hagan” Presidente de la República. Como hicieron campeón a El Canelo Álvarez. A éste ahora le andan programando una nueva pelea y le buscan contrincante adecuado.

Peña Nieto, ya sabemos que va a competir en julio del próximo año y, de igual manera, sus publicistas y apoderados, se encuentran trabajando afanosamente, buscándole contrincantes a modo. Quisieran, por un lado,  a alguien poco conocido, con poco tiempo en las lides políticas, que se precie de conocer la técnica en los libros,  pero que apenas haya subido a un cuadrilátero y, para colmo, con mal manager, o quisieran a otro contrincante que, aunque pudiera tener experiencia, también se encuentre muy golpeado, debilitado en su potencia, con muchas heridas que se abran al primer contacto y suficientemente desgastado para que no les signifique demasiado riesgo.

El Canelo seguirá por buen tiempo, generando altas ganancias a sus promotores; pero se trata —dice Garibay— sólo de “un espectáculo con noches de gloria que llevan al alarido a multitudes”.

No es así en el caso de las elecciones de julio,  y más vale que a los promotores de la restauración del viejo régimen no les quede más remedio que enfrentar a un candidato con reales posibilidades de vencerles. Ello es responsabilidad de la izquierda  y en ello va el futuro del país.

martes, 2 de agosto de 2011

Demócratas de Izquierda; renovación e innovación


Estamos en un momento trascendental para el país y en una coyuntura vital para las fuerzas progresistas y de izquierda. Ya no hay lugar para la apatía, el escepticismo, el pesimismo, y menos aún para la mezquindad. No hay tiempo que perder, so riesgo de que México continúe en el extravío.

Ante este panorama, proponemos: primero, una visión renovadora de la política e innovadora de la izquierda; segundo, un actuar dirigido a la raíz de la problemática nacional con soluciones para hoy y el futuro. Una visión y un actuar que logren la certidumbre sobre el rumbo del país y que den garantía de paz, de bienestar para todas y todos.

En la encrucijada política —ante la que nos encontramos— las alternativas son: un retorno al pasado, una continuidad estéril, una polarización que confronta y destruye. Ante esto, proponemos otro camino: el que hace de cada mexicano un agente del cambio; el que logra la participación ciudadana por el rumbo de la democracia efectiva para elegir, para convivir en la legalidad, en la justicia y la equidad; el camino de un México incluyente que no discrimina y que alienta la participación de todos en una comunidad humanista, que se recrea en sus culturas y pensamientos diversos; el camino de un México que crece desde la solidez de una educación universal y de calidad; desde una economía fuerte, productiva, competitiva y no monopolizada; por el camino, entonces, de la construcción de una fuerza política alternativa.

Somos un ente cuya idea eje es generar progreso profundo y permanente para todas y todos. Proponemos entonces un movimiento de renovación política, cuyo compromiso inteligente, moderno e innovador, así como su propuesta, se sintetizan en: paz vía progreso.

Estos pilares, de este nuevo pensamiento y de un programa de gobierno, definen y expresan nuestra identidad: democráticos, sin demagogia y reconociendo la pluralidad nacional; incluyentes, representando y acogiendo a las expresiones de la diversidad del país, apoyando las decisiones de la mayoría y los derechos de las minorías, buscando una vida digna para todas y todos; progresistas, con propuestas que respondan a las realidades cambiantes y construyendo bases sólidas para beneficios permanentes; vanguardistas, construyendo soluciones frescas ante las problemáticas añejas y las nuevas; propositivos, dejando a un lado la crítica estéril para ofrecer soluciones y mejoras; por encima de todo, pacíficos, comprometidos con el cuestionamiento de lo existente y la promoción de alternativas, sin agresión ni violencia de ninguna índole.

Estos valores definen nuestra identidad, nuestros objetivos de inclusión, de pluralidad, de armonía y justicia democrática.

De esta manera, nos dirigimos a todas y todos los mexicanos; a las y los ciudadanos que tienen en su voto la posibilidad del cambio; a los jóvenes cuyas inquietudes y necesidades los impulsan hacia el progresismo democrático exigiendo el respeto y cumplimiento de sus derechos; a las mujeres, a todas que con su mente y espíritu abierto promueven el cambio; a la ciudadanía no alineada partidariamente que busca soluciones viables y busca alternativas creíbles para su voto.

Este es un movimiento de renovación e innovación política. Esto es: Demócratas de Izquierda.