martes, 2 de agosto de 2011

Demócratas de Izquierda; renovación e innovación


Estamos en un momento trascendental para el país y en una coyuntura vital para las fuerzas progresistas y de izquierda. Ya no hay lugar para la apatía, el escepticismo, el pesimismo, y menos aún para la mezquindad. No hay tiempo que perder, so riesgo de que México continúe en el extravío.

Ante este panorama, proponemos: primero, una visión renovadora de la política e innovadora de la izquierda; segundo, un actuar dirigido a la raíz de la problemática nacional con soluciones para hoy y el futuro. Una visión y un actuar que logren la certidumbre sobre el rumbo del país y que den garantía de paz, de bienestar para todas y todos.

En la encrucijada política —ante la que nos encontramos— las alternativas son: un retorno al pasado, una continuidad estéril, una polarización que confronta y destruye. Ante esto, proponemos otro camino: el que hace de cada mexicano un agente del cambio; el que logra la participación ciudadana por el rumbo de la democracia efectiva para elegir, para convivir en la legalidad, en la justicia y la equidad; el camino de un México incluyente que no discrimina y que alienta la participación de todos en una comunidad humanista, que se recrea en sus culturas y pensamientos diversos; el camino de un México que crece desde la solidez de una educación universal y de calidad; desde una economía fuerte, productiva, competitiva y no monopolizada; por el camino, entonces, de la construcción de una fuerza política alternativa.

Somos un ente cuya idea eje es generar progreso profundo y permanente para todas y todos. Proponemos entonces un movimiento de renovación política, cuyo compromiso inteligente, moderno e innovador, así como su propuesta, se sintetizan en: paz vía progreso.

Estos pilares, de este nuevo pensamiento y de un programa de gobierno, definen y expresan nuestra identidad: democráticos, sin demagogia y reconociendo la pluralidad nacional; incluyentes, representando y acogiendo a las expresiones de la diversidad del país, apoyando las decisiones de la mayoría y los derechos de las minorías, buscando una vida digna para todas y todos; progresistas, con propuestas que respondan a las realidades cambiantes y construyendo bases sólidas para beneficios permanentes; vanguardistas, construyendo soluciones frescas ante las problemáticas añejas y las nuevas; propositivos, dejando a un lado la crítica estéril para ofrecer soluciones y mejoras; por encima de todo, pacíficos, comprometidos con el cuestionamiento de lo existente y la promoción de alternativas, sin agresión ni violencia de ninguna índole.

Estos valores definen nuestra identidad, nuestros objetivos de inclusión, de pluralidad, de armonía y justicia democrática.

De esta manera, nos dirigimos a todas y todos los mexicanos; a las y los ciudadanos que tienen en su voto la posibilidad del cambio; a los jóvenes cuyas inquietudes y necesidades los impulsan hacia el progresismo democrático exigiendo el respeto y cumplimiento de sus derechos; a las mujeres, a todas que con su mente y espíritu abierto promueven el cambio; a la ciudadanía no alineada partidariamente que busca soluciones viables y busca alternativas creíbles para su voto.

Este es un movimiento de renovación e innovación política. Esto es: Demócratas de Izquierda.

martes, 26 de julio de 2011

Utoya


El 22 de julio se encontraban reunidos más de medio millar de jóvenes socialdemócratas en la isla noruega de Utoya. Asistían a un campamento de verano de la Juventud Laborista (AUF, por sus siglas en noruego), cuando Anders Behring, quien horas antes había hecho estallar con consecuencias mortales  un coche bomba en Oslo, comenzó una matanza cuyo resultado fue la muerte de 68 personas.

Anders Behring, de nacionalidad noruega y 32 años de edad, se encuentra ya detenido por las autoridades de ese país nórdico. En su primera audiencia ante las autoridades judiciales ha reconocido plenamente la autoría de los dos actos terroristas, pero ha rechazado ser culpable. Esta negativa se debe a que este multihomicida está convencido de que sus actos eran necesarios “para salvar a Noruega” y “despertar a las masas”.

En un manifiesto de mil 500 páginas que publicó en internet, Behring, ligado a grupos ultraderechistas, fundamentalistas cristianos e islamófobos; criticó la “colonización islámica” y la “islamización de Europa occidental”, así como el ascenso del multiculturalismo, el cual equipara al marxismo. 

Así, el objetivo de este ultraderechista era, en sus propias palabras,  “comenzar una cruzada para diezmar al marxismo cultural, castigando a la socialdemocracia por importar musulmanes”. Jens Stoltenberg, Primer Ministro de Noruega, comprendió lo anterior y ha declarado que los ataques terroristas estuvieron dirigidos contra la multiculturalidad.

Lo ocurrido en Noruega es el más reciente capítulo de la historia que narra la progresión del odio alrededor del mundo en el siglo XXI.  La  animadversión contra los migrantes y todos aquellos que piensan diferente, va en aumento en todas las latitudes.

La movilidad de las personas no sólo es una parte natural de la historia humana, sino una dimensión permanente del desarrollo y de las sociedades modernas, donde la gente busca aprovechar nuevas oportunidades y cambia sus circunstancias en función de ellas. Son exagerados los temores que hablan de que los migrantes quitan los empleos o hacen bajar los salarios de los lugareños, constituyen una carga desacertada para los servicios sociales o un gravamen para el dinero de los contribuyentes.

Irracional resulta también, la aversión hacia quienes piensan que a través de mecanismos democráticos, es posible transformar el mundo en un lugar en donde impere la igualdad, la equidad y la justicia.  Tan nocivo como el fundamentalismo religioso, es el fanatismo político -que desde una supuesta posición de superioridad moral- tiene la firme creencia de que únicamente la franja del espectro político al que se pertenece es poseedora  de la razón absoluta. Por  lo tanto, quienes piensan diferente son los enemigos a exterminar.

Ante el panorama actual, es  urgente concertar medidas globales para reforzar el combate contra toda forma de racismo, la xenofobia, la discriminación y la intolerancia. Sin dejarse manipular por el pánico, se deben fortalecer  las acciones para enfrentar al terrorismo en todas sus modalidades.

La respuesta estadounidense ante estos desafíos ha sido combatir el odio con más odio; la violencia con más violencia.  Esperemos que el mundo abandone ese paradigma y mire hacia Noruega, cuyo Primer Ministro, ante la tragedia que se vive en su país, ha afirmado que la respuesta debe ser más democracia, más apertura y más humanidad.

martes, 19 de julio de 2011

Política económica alternativa para enfrentar los riesgos globales

Excélsior


El riesgo de una nueva crisis financiera se avizora en el panorama mundial.

Las mínimas reformas regulatorias emprendidas en Estados Unidos y Europa, no lograron modificar las prácticas bancarias y bursátiles que llevaron a la crisis en 2008, por lo que los factores estructurales que golpean a la economía global subsisten.

Por otro lado, en la mayoría de los países industrializados no se ha podido superar totalmente la crisis, debido a que se ha seguido el dogma neoliberal de no utilizar el gasto público para reactivar la economía.



Desafortunadamente, ese credo es seguido por economías emergentes, como la mexicana. A diferencia de Brasil y Argentina, quienes llevaron a cabo una agresiva política de gasto público que les permitió crecer a tasas de casi dos dígitos en los últimos años. El gobierno mexicano ha decidido apegarse al dogma restringiendo el gasto público, aún cuando se cuenta con reservas suficientes, así como con excedentes derivados de los altos precios del petróleo.



La obsesión de la tecnocracia mexicana por el déficit nulo, así como su resistencia al endeudamiento público controlado, tienen su origen en la primera oleada de políticas neoliberales que comenzó en los años ochenta con los gobiernos de Reagan en Estados Unidos y Thatcher en el Reino Unido. Sin embargo, el día de hoy es necesario observar el debate sobre el tema en los Estados Unidos.


Actualmente, el presidente Obama libra un enfrentamiento con el sector conservador del Congreso de ese país por la ampliación del techo de la deuda en el presupuesto federal y su impacto en el déficit presupuestario.  Obama insiste en ampliar el monto de endeudamiento del Gobierno Federal, mientras que el Poder Legislativo dominado por los republicanos se niega a aumentarlo, considerando un supuesto daño por el incremento del déficit en las finanzas públicas.


El debate sobre endeudamiento, déficit y gasto público en Estados Unidos  se está convirtiendo, junto con las reformas al sistema de salud, en uno de los momentos cruciales de la presidencia de Obama. Debido a que se discuten definiciones de fondo acerca de cómo se concibe la política económica en el siglo XXI.


Sin estar sujetos a preconcepciones, que todavía están a debate en la aún economía más poderosa del mundo, sería posible que la política económica aplicada durante los últimos 30 años en nuestro país, se despojara de dogmas y buscara alternativas.

Desde el inicio de la crisis financiera, hemos insistido que una alternativa es aplicar una estrategia contracíclica basada en la expansión del gasto público, el cual no provendría exclusivamente de la deuda pública, sino de excedentes petroleros y de una política fiscal progresiva. Además, este gasto se utilizaría para actividades productivas como la reconstrucción de la planta industrial, el rescate al campo y la construcción de infraestructura social.


Ante el peligro de que la profundización de la crisis financiera en la eurozona impacte globalmente, México necesita estar preparado para afrontar este reto con todos los instrumentos de política económica a su alcance, evitando recorrer la misma ruta que antes nos ha impedido crecer en medio de un entorno mundial adverso.